Guatemala, 5 de mayo de 2008

CATALEJOAyer, hoy y mañanaMario Antonio Sandoval

ECLIPSECobertura departamentalIleana Alamilla

PUNTO DE VISTAIdeología y política exteriorSadio Garavini di Turno

TASSOLILOQUIOSEmotivo homenaje en la Universidad Popular (I)Tasso Hadjidodou

ARCA DE ESPEJOSDeporte y egoísmoAquiles Pinto Flores

EL QUINTO PATIOCarolina Vásquez ArayaExpresión en libertad
Para tener el derecho de expresarse con libertad, no es necesario ser periodista ni político. Basta con ser ciudadano, es suficiente con existir, al menos en teoría. Sin embargo, ese privilegio de las naciones democráticas es impracticable cuando las fuerzas del crimen son superiores a aquellas de la institucionalidad.
El miedo de los periodistas del interior del país a denunciar los actos de intimidación y las agresiones que sufre la ciudadanía, es uno de los factores que retiene a Guatemala en una dehonrosa posición en cuanto al ejercicio de la libertad de prensa. A ello se agrega la falta de acceso a información que debería ser de dominio público y las dificultades que encuentran estos comunicadores para ingresar a dependencias estatales e investigar el desempeño de los funcionarios.
Esta realidad define un estado de cosas muy alejado de la democracia. La estrategia de ocultar información, tan útil en tiempos de dictadura, se mantiene casi sin alteraciones dado que es la herramienta más eficaz para mantener a la población en un estado de duda constante con respecto a las acciones de las autoridades.
En el mundo de los negocios, se dice que aquello que no se conoce, no existe. Por eso tanta campaña de mercadeo y publicidad, por eso tanto bombo alrededor de los bienes de consumo. Lo mismo podría aplicarse en política. El mejor ejemplo de ello, es la creencia de que en época de los más feroces regímenes militares no existía tanta violencia. Sin embargo, lo que no existía era la posibilidad de tener una prensa libre de amenazas. La violencia estaba allí y, de hecho, es un sucedáneo de esa violencia lo que amenaza en la actualidad.
El acoso a la prensa departamental no va a detenerse gracias a una campaña de concienciación. Lo único que podría funcionar es una operación de limpieza profunda de las ramificaciones del crimen organizado, enquistadas en las instituciones del Estado y en las dependencias que, en remotas regiones, representan a la autoridad.
La impunidad con la cual actúan los criminales y el alcance de su poder, son directamente proporcionales a la pérdida de espacio del Estado, el cual depende —para su supervivencia— de una democracia viva, activa y capaz de crear espacios de participación ciudadana.
Cada vez que se habla de libertad de prensa o libertad de expresión, es importante echar una mirada más allá de las fronteras de la capital y ver la realidad en la cual viven otros guatemaltecos menos protegidos, más vulnerables al acoso de grupos transformados, en la práctica, en poderes paralelos con garantía de impunidad.
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