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Guatemala, 5 de mayo de 2008

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CATALEJOMario Antonio SandovalAyer, hoy y mañana

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DOS HECHOS, SIN APARENTE relación entre ellos, son una muestra clara de la manera irresponsable como nos manifestamos y actuamos los guatemaltecos, considerados como un todo, ante nuestro pasado histórico y nuestro futuro. Por un lado, el Palacio de los Capitanes Generales de La Antigua Guatemala, en su tiempo el edificio público gubernativo más importante de toda la Capitanía General de Guatemala, desde Chiapas hasta Costa Rica, se encuentra en un estado de deterioro enorme, al punto de ser urgente su inmediata desocupación, según un informe de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres. Por otro lado, un juez autoriza el ingreso en el país de un barco-chatarra, con grave riesgo ecológico para la zona de Izabal.

ESTE DESCUIDO irresponsable afecta también el presente. La Antigua Guatemala es el centro de atracción turística más grande del país, y por ello cualquier acción u omisión con efectos en sus monumentos, estilo citadino y todo aquello por lo cual es diferente, tiene efectos directos, a corto o a largo plazo, en el ingreso de turistas. A propósito de esto último, es ya notoria la reducción del número de visitantes al área de Izabal, en especial Río Dulce, a consecuencia del secuestro de los turistas belgas, realizada por gente azuzada por Ramiro Choc, un dirigente decidido a impedir el avance de esa bella zona del país, cuyas características le otorgan una alta posibilidad de afianzar y aumentar su importancia en el mapa turístico nacional.

EL CASO DE LA ANTIGUA Guatemala tiene características muy lamentables. Existe el Consejo Nacional de Protección de la ciudad, y obviamente la alcaldía y la Gobernación, pero no trabajan con criterios claros ni unificados. Desde hace varios años se han convertido en instituciones encabezadas por personas sin verdadero interés por mantener la ciudad. Los alcaldes pueden ser electos por una mínima cantidad de votos, y el peso de las aldeas aledañas se ha convertido en un factor fundamental para la llegada de alcaldes ineficientes, por decir lo mínimo. El consejo protector no tiene armas para actuar, y si las tiene, no las utiliza. Los intereses de hoteleros fuertes pesan mucho, y así la ciudad se encuentra, para todo efecto práctico, abandonada.

DESDE HACE AÑOS SE SABE de la falta de mantenimiento en el Palacio. No se ha actuado a causa de negligencia, por defensa de intereses personales o de grupo. Desde hace años se sabe del mal, a veces irreversible, causado por el desprecio a la naturaleza y por las consecuencias de realizar acciones corruptas, como autorizar la importación de chatarra para luego hundirla en las aguas costeras del país, con al agravante de la posibilidad de que contenga desechos tóxicos. Dos ejemplos de acciones imperdonables, pues los monumentos históricos arquitectónicos cuando se caen o deben ser demolidos, pierden su enorme valor otorgado por el tiempo, y porque la naturaleza, si puede sanar, lo hará cuando hayan pasado varias generaciones humanas.

SON DOS EJEMPLOS de la irresponsabilidad nacional. Nadie hace nada contra quienes no hacen nada o actúan incorrectamente. Los dos casos, y esto es en realidad un aspecto preocupante, pertenecen al material informativo de una sola edición de Prensa Libre, el sábado pasado. Se conocen porque el periódico se toma el interés de investigarlos y de exponerlos ante la población lectora, cuya indiferencia o silencio la convierte en cómplice indirecta de los desastres previsibles con toda facilidad y toda lógica. Todos sabemos cuál es nuestro papel para evitarlas, pero se necesita tomar la decisión de salvar al país de la depredación constante y del descuido casi criminal. No es asunto solamente del Gobierno o del Estado, sino también de nosotros.

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