Guatemala, 12 de mayo de 2008

CATALEJOEl asesinato de Jorge Mérida P.Mario Antonio Sandoval

ECLIPSE Detener la subasta de niñosIleana Alamilla

EL QUINTO PATIOEl apetito y el hambreCarolina Vásquez Araya

COLABORACIÓNCumbre UE–ALBenita Ferrero-Waldner

ARCA DE ESPEJOSEl perfil de un juezAquiles Pinto Flores

TASSOLILOQUIOSTasso HadjidodouEmotivo homenaje en la Universidad Popular (y II)
Silvia Ana Herrera Ubico o Silvia Herre- ra, en España, recibió el doctorado en Filosofía y Letras, en la Universidad de Navarra, Pamplona, con una tesis en Filosofía del Arte. Anteriormente, obtuvo una licenciatura en Letras y Filosofía, con un tema relacionado con la historia del teatro en Guatemala, en la Universidad Rafael Landívar.
Fue directora de Asuntos Culturales del Instituto Guatemalteco Americano (IGA), asumiendo después la dirección de las galerías de arte del Museo Ixchel del Traje Indígena. Hoy, coordina el área de humanidades de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Istmo.
Es catedrática de Estética, Arte, Pensamiento, Docencia Universitaria, Enseñanza de Valores; asesora de Juannio y de la galería de arte Carlos Woods.
En el rico abanico de parlamentos de las obras de Luis Herrera, compartiré algunos, para que el lector pueda percibir mejor sus múltiples facetas.
En ¡Qué tío!, dice José Antonio: “Hay dos clases de gente: la honrada que se gana honestamente la vida con su trabajo, respetando el derecho de los demás, y la gente mala, tramposa, ladrona, vividora, parásita... No es el dinero el que hace las clases”.
Luz Méndez De la Vega, en el prólogo de El póquer de la vida, declara que, a pesar de ser juez y parte, ya que actuó ella en la exitosa obra, aceptó opinar. Dice: “Luis Herrera presenta malos totalmente malos y buenos totalmente buenos”. Recuerda Luz que Luis Herrera, en la vida, no hizo el dinero que pudiera hacer, porque supo abandonar trabajos lucrativos para satisfacer su amor por el arte, al que entregó gran parte de su tiempo”. Luz agrega: “El éxito de Luis Herrera como actor es indiscutible y su figura aseguraba la afluencia de un público que lo admiraba, por su fuerte personalidad. Decía de él el célebre cubano Francisco Baguer y Marty: “Otro gran intérprete: Luis Herrera, la simpatía hecha actor”. Rematando, Luz: “...la obra más trascendente y señalada ha sido la de despertar de la modorra y falta de interés a nuestro público, al fundar el Grupo Artístico de Escenificación Moderna (Gadem), en donde, con ayuda de su director Luis Rivera, ofrece a Guatemala la posibilidad de presenciar las obras más exitosas y mejores de la actualidad teatral mundial”.
La última de las obras de Herrera, Trauma, trata del impacto de la muerte de una madre sobre sus dos hijos, argumentando que “nadie escoge a sus hermanos, y se nos obliga a tratarlos con afecto, sin tomar en cuenta la libertad estimativa. Bajo esa ficción impuesta, se cobijan y acrecientan muchas veces rencores que producen el “trauma”.
En el prólogo de Trauma, escribe José Almengor M. que Luis Herrera vivía para el teatro, con dedicación, con amor, con pasión y, lo que es más importante, con extraordinaria capacidad. “Si algún día se escribe la historia del teatro guatemalteco, el nombre de Luis Herrera ocupará un lugar prominente. Yo creo que el primer lugar en la lista de las personas que han hecho posible nuestro país se haya situado destacadamente entre los pueblos que rinden permanente pleitesía al arte escénico como manifestación de cultura y vehículo de civilización”.
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