Guatemala, 12 de mayo de 2008

ECLIPSE Detener la subasta de niñosIleana Alamilla

EL QUINTO PATIOEl apetito y el hambreCarolina Vásquez Araya

COLABORACIÓNCumbre UE–ALBenita Ferrero-Waldner

TASSOLILOQUIOSEmotivo homenaje en la Universidad Popular (y II)Tasso Hadjidodou

ARCA DE ESPEJOSEl perfil de un juezAquiles Pinto Flores

CATALEJOMario Antonio SandovalEl asesinato de Jorge Mérida P.
ESCRIBIR ACERCA DEL asesinato de un periodista constituye una de las tareas más difíciles para un columnista. Por eso, el tema de hoy, es decir, la muerte violenta del corresponsal de Prensa Libre en Coatepeque, periodista Jorge Mérida P., me llena de dolor. La indignación por la cobardía del hecho me hace hacer momentáneamente a un lado la habitual serenidad y balance, pues es imposible escribir con ambas cualidades cuando se presenta esta manifestación tan evidente de estarse convirtiendo Guatemala en un país donde, como México, Colombia y otros del continente latinoamericano, el avance de la criminalidad organizada intenta afianzar su poder con acciones criminales cuyo fin es establecer o afianzar el reinado del terror.
EL ASESINATO DE Jorge Mérida Pérez no fue un hecho fortuito ni aislado, sino debe ser necesariamente parte de un plan para silenciar a los periodistas, y empezar esa estrategia con quienes ejercen en provincia la profesión de informar y de comentar los hechos ocurridos en las comunidades situadas Guatemala adentro. En una época reciente de la historia nacional, algunos crímenes eran realizados a la luz del día, con pleno uso de la fuerza, y el propósito era lanzar un clarísimo mensaje de advertencia a todo aquel periodista o persona común y corriente para convencerlos del grave riesgo contra su vida, en caso se atreviera a hacer denuncias o a cubrir informaciones de actividades ilegales de gentuza dispuesta a cometer cualquier crimen.
LA ACTIVIDAD PERIODÍSTICA es una de las pocas causantes de problemas y de temores al crimen organizado y a los funcionarios corruptos o a los poderes económicos fácticos. Por eso, es peligrosa para quienes la realizan, y por eso mismo son muchos los hombres y las mujeres periodistas a quienes pagar con su vida fue el precio de informar con independencia y con profesionalismo. Acabo de enterarme de la apertura de un museo en Washington, dedicado a la historia del periodismo y a relatar los casos de crímenes contra periodistas en todo el mundo, cometidos como venganza por sus investigaciones y publicaciones, así como de la muerte en combate de los corresponsales extranjeros al cubrir guerras tanto civiles como entre países.
EL ASESINATO DE PERIODISTAS es una característica de países subdesarrollados o sujetos a condiciones del reinado de la ilegalidad, lo cual significa instituciones estatales débiles, así como altos índices de corrupción, acompañadas de impunidad provocada por la ineficacia e ineficiencia del sistema legal. En la Guatemala sumergida en la larga noche del enfrentamiento armado interno, la eliminación física de periodistas, como consecuencia de la emisión de sus ideas políticas e ideológicas, fue considerada una acción normal entre las facciones en pugna. Por eso, es muy alto el número de colegas asesinados u obligados a salir a un destierro del cual en algunos casos no volvieron, por voluntad o porque fallecieron lejos de su tierra.
A LA FAMILIA DEL COLEGA Jorge Mérida Pérez le envío mis condolencias más sentidas, en especial a su hijo Jorge. A partir del sábado engrosaron la larga lista de las verdaderas víctimas de las acciones en contra de la libre emisión del pensamiento y del ejercicio del periodismo. Sus vidas cambiaron para siempre, y ojalá puedan encontrar un poco de consuelo al convencerse, no sólo del valor ético y moral de la actividad periodística realizada por la víctima, sino de la importancia de realizarla como él lo hizo, y del simbolismo de su muerte, ocurrida cuando estaba sentado frente a su computadora. Ese sacrificio máximo solamente será en vano si los asesinos logran su cometido: silenciar la denuncia de acciones malas. Descanse en paz, Jorge.
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