
Heike ve un diminuto ser entre el lodo, mientras Mylene observa con asombro.
El trabajo que efectúan las llena de lodo, pero en el momento en que quedan al descubierto las singulares estrellas y arañas de mar, cangrejos, caracoles y muchos otros extraños seres marinos que atrapan con una red o con una caja de acero, su esfuerzo se ve recompensado.
Todas esas criaturas pertenecen a las comunidades bentónicas (benthic communities,en inglés) o seres vivos mayores de 0.5 milímetros que habitan el fondo de los océanos y que en el Ártico están siendo investigados por Heike Link y Myléne Bourque, estudiantes del Instituto de Ciencias del Mar, de la Universidad de Quebec, en la ciudad de Rimouski.
Link, quien en marzo pasado comenzó su doctorado en oceanografía en la citada universidad, es la líder del proyecto, cuyo trabajo de campo realiza desde el rompehielos canadiense Amundsen (CCGS en inglés).
Según comenta Link, muchas discusiones tienen lugar en cuanto a la influencia que sobre el florecimiento de algas (producción primaria) y el zooplancton (pequeños animales que son arrastrados por la corriente) provocará el cambio climático y la reducida cubierta de hielo en la región polar. Pero pocas personas se preocupan por saber acerca del papel que la comunidad bentónica tiene en el ecosistema. De ahí que con ayuda de Bourque centra su investigación en comparar la actividad que estos seres ejecutan en áreas cubiertas con hielo y en agua abierta.
Su rol en el ecosistema
Muchos de los seres bentónicos del océano Ártico se alimentan de las algas y fitoplancton muertos que tienden a depositarse en el suelo marino, y después de comer, producen nutrientes que se difunden en el agua. A su vez, estos nutrientes se convierten en una fuente de comida para el siguiente florecimiento de plancton u organismos microscópicos que viven suspendidos en el agua.
Sin embargo, debido a que el equilibrio entre el zooplancton y el fitoplancton experimentará transformaciones con el cambio climático, también habrá menos comida para las comunidades bentónicas, que en consecuencia, producirán menos nutrientes.
Ante este panorama y para comprender mejor la relación entre la producción primaria y la actividad bentónica, Link se enfoca en medir el consumo de oxígeno de estos seres para conocer la cantidad de carbono que reciclan así como los cambios de nutrientes que ocurren antes y después del florecimiento de las algas en el océano Ártico.
Lodoso muestreo
Link y Bourque, con ayuda de la tripulación del Amundsen, lanzan al agua, a
200 metros de profundidad, una caja de acero de 50 x 50 x 50 centímetros para recolectar un trozo de sedimento océanico. De éste cortan bloques de lodo de diámetro, luego los colocan en unos cilindros que cubren con agua de mar y los dejan reposar por dos días, con el objetivo de medir el oxígeno y los cambios de nutrientes que se producen en el líquido que los cubre.
Para comprender qué tantos y qué clase de seres viven en las oscuras y frías zonas del suelo marino ártico, también arrastran en el mar una red. “Les juro que quedarían fascinados, tanto como siempre me ocurre, de ver cuántos increíbles y bellos animales atrapamos con esta red”, dice sonriente Link.
“En nuestro equipo queremos que las personas sepan que las comunidades bentónicas tiene un papel importante en el ecosistema marino, porque proveen nutrientes para los agentes de la producción primaria”, señala Heike Link.

Heike muestra un camaroncito.

Mylene enseña una bella estrella de mar.