28 de Agosto del 2008

¡Hasta pronto!

Hace exactamente dos meses estaba en la ciudad de Inuvik, desde donde escribí  el primer relato de la llegada al Círculo Polar Ártico. 

La emoción que sentía de  estar en esa extrema región del planeta era inmensa y la adrenalina aumentaba al saber que, a través de reportajes y fotografías, tendría la oportunidad no sólo de compartir la vivencia sino de transmitir un mensaje ecológico.

Desde entonces, el tiempo ha transcurrido como un suspiro, pero las imágenes del magnificente Ártico se mantienen intactas en mi mente y corazón.

La experiencia y el conocimiento adquirido también son invaluables, y qué decir de las nuevas amistades hechas durante la travesía, o de los nuevos lectores y amigos que con este espacio cibernético tuve la oportunidad de cosechar.

En definitiva, haber obtenido este premio para navegar el océano Ártico y representar a Guatemala y a Latinoamérica, en el campo del periodismo, ha sido uno de los mejores regalos que la vida me ha dado.

Estoy segura de que los reportajes y fotografías publicados contribuirán de alguna manera a tocar el corazón de muchas más personas, que con entusiasmo y pensamientos positivos, comenzarán a efectuar pequeños cambios en su vida para mitigar el impacto del calentamiento global en el planeta.

Y en nuevo y rediseñado blog estaremos en contacto.

20 de Agosto del 2008

Joyas entre el fango

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Heike ve un diminuto ser entre el lodo, mientras Mylene observa con asombro.

El trabajo que efectúan las llena de lodo, pero en el momento en que quedan al descubierto las singulares estrellas y arañas de mar, cangrejos, caracoles y muchos otros extraños seres marinos que atrapan con una red o con una caja de acero, su esfuerzo se ve recompensado.

Todas esas criaturas pertenecen a las comunidades bentónicas (benthic communities,en inglés) o seres vivos mayores de 0.5 milímetros que habitan el fondo de los océanos y que en el Ártico están siendo investigados por Heike Link y Myléne Bourque, estudiantes del Instituto de Ciencias del Mar, de la Universidad de Quebec, en la ciudad de Rimouski.
Link, quien en marzo pasado comenzó su doctorado en oceanografía en la citada universidad, es la líder del proyecto, cuyo trabajo de campo realiza desde el rompehielos canadiense Amundsen (CCGS en inglés).

Según comenta Link, muchas discusiones tienen lugar en cuanto a la influencia que sobre el florecimiento de algas (producción primaria) y el zooplancton (pequeños animales que son arrastrados por la corriente) provocará el cambio climático y la reducida cubierta de hielo en la región polar. Pero pocas personas se preocupan por saber acerca del papel que la comunidad bentónica tiene en el ecosistema. De ahí que con ayuda de Bourque centra su investigación en comparar la actividad que estos seres ejecutan en áreas cubiertas con hielo y en agua abierta.

Su rol en el ecosistema

Muchos de los seres bentónicos del océano Ártico se alimentan de las algas y fitoplancton muertos que tienden a depositarse en el suelo marino, y después de comer, producen nutrientes que se difunden en el agua.  A su vez, estos nutrientes se convierten en una fuente de comida para el siguiente florecimiento de plancton u organismos microscópicos que viven suspendidos en el agua.

Sin embargo, debido a que el equilibrio entre el zooplancton y el fitoplancton experimentará transformaciones con el cambio climático, también habrá menos comida para las comunidades bentónicas, que en consecuencia, producirán menos nutrientes.

Ante este panorama y para comprender mejor la relación entre la producción primaria y la actividad bentónica, Link se enfoca en medir el consumo de oxígeno de estos seres para conocer la cantidad de carbono que reciclan así como los cambios de nutrientes que ocurren antes y después del florecimiento de las algas en el océano Ártico.

Lodoso muestreo
Link y Bourque, con ayuda de la tripulación del Amundsen, lanzan al agua, a
200 metros de profundidad, una caja de acero de 50 x 50 x 50 centímetros para recolectar un trozo de sedimento océanico. De éste cortan bloques de lodo de diámetro, luego los colocan en unos cilindros que cubren con agua de mar y los dejan reposar por dos días, con el objetivo de medir el oxígeno y los cambios de nutrientes que se producen en el líquido que los cubre.

Para comprender qué tantos y qué clase de seres viven en las oscuras y frías zonas del suelo marino ártico, también arrastran en el mar una red. “Les juro que quedarían fascinados, tanto como siempre me ocurre, de ver cuántos increíbles y bellos animales atrapamos con esta red”, dice sonriente Link.

“En nuestro equipo queremos que las personas sepan que las comunidades bentónicas tiene un papel importante en el ecosistema marino, porque proveen nutrientes para los agentes de la producción primaria”, señala Heike Link.

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Heike muestra un camaroncito.

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Mylene enseña una bella estrella de mar.

18 de Agosto del 2008

Poder verde

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En un laboratorio iluminado con luz verde, que impide la absorción de luz por parte de los organismos que analiza, Benoit Philippe de la Universidad Quebec en Rimouski, trabaja en la identificación de las algas del océano Ártico (taxonomía), así como en su producción primaria, es decir, cómo fabrican materia orgánica a partir de la fotosíntesis.

Conocer estos datos es importante porque las algas constituyen la base de la cadena alimenticia del Polo Norte: seres más grandes como el bacalao y las distintas especies de zooplancton se alimentan de ellas; después los osos, ballenas y focas depredan a estos últimos, y finalmente, el hombre consume a esos otros grandes mamíferos. Todo está relacionado.

Por ejemplo, el aumento de la temperatura a nivel mundial favorece el derretimiento de las masas de hielo de varios años de formación (multiyear ice), por lo que gradualmente se podrá observar en el Polo Norte solo hielo de primer año de formación (fist year ice). Para las algas esta situación podría ser maravillosa, porque se sabe que hay más producción primaria en esta última clase de hielo. Pero la ventaja sería solo al principio. “El hielo muy delgado no será bueno para las algas por mucho tiempo, ya que permitirá el paso de más luz y en demasía, puede alterar su crecimiento normal”, señala Philippe.

Para abarcar todo el ecosistema ártico y comparar resultados, todos los proyectos de investigación del Circumpolar Flaw Lead System Study (CFL en inglés) están relacionados.

Simon Pineault de la Universidad de Laval también estudia las algas, pero él se enfoca en conocer si al llegar la primavera, las algas que viven cerca del hielo tendrán la oportunidad de sobrevivir en la columna de agua (es decir en agua abierta).

Otra parte de su estudio es determinar la importancia y la proporción de los nutrientes que los ríos llevan al Ártico, así como de los nutrientes que ascienden del fondo del mar. simon.jpg

Simon sostiene en sus manos una muestra de agua del océano Ártico en la que cual hay algunas algas microscópicas.

13 de Agosto del 2008

Análisis del aire ártico

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Silvia muestra el equipo para medir sustancias tóxicas en el aire.

El océano capta el exceso del dióxido de carbono (CO2) que hay en la atmósfera pero es importante conocer cómo se efectúa ese proceso, porque al parecer no es sólo el viento el que propicia esa transferencia. Influye el florecimiento del fitoplancton, las corrientes fuertes, las propiedades del agua y hasta los derrames de petróleo que pudieran existir en la zona.

Una de las personas que trabajó durante seis semanas en la medición de esos elementos que inhiben o aceleran el intercambio de CO2 en el Polo Norte, fue la argentina Silvia Gremes-Cordero, de la Universidad de Miami.

Una de las razones que la motiva a investigar tal situación es que el exceso de CO2 acidifica el agua del océano. Esta situación incide en la pérdida de color de los corales y hasta en la capacidad de algunos animales de formar su caparazón.

A diferencia de Fiona Wong (quien recolectó muestras del aire y del agua del océano para medir contaminantes persistentes), a Silvia le interesa la fluctuación de esas concentraciones de CO2, es decir, no el estado estático de esas sustancias sino su movimiento.

Los resultados que Silvia obtenga también le permitirán aplicarlos en modelos predictivos del clima.

10 de Agosto del 2008

El joven del hielo

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Rodd Laing es un joven muy alegre, aunque algo tímido, y su estadía en el Amundsen ha significado uno de los mejores regalos que la vida le ha dado. Según me comentó, previo a este viaje, cuando él escuchaba hablar del Polo Norte se imaginaba mucho hielo, osos polares, focas y por supuesto al famoso Santa Claus.Ahora, relaciona este bello lugar con calentamiento global y cambio climático. Rodd manifiesta sentirse consternado por los cambios que él ha podido observar durante los diferentes meses que estuvo a bordo del rompehielos. Pero a pesar del frío, a Rodd le encantaba vestir bermudas. En lo personal, solo de verlo, me daban ganas de ponerme otro suéter.

Cuando tomé la fotografía en el cuarto frío en el que trabajaba y cuya temperatura era de 25 grados centígrados bajo cero, él lo único que hizo fue ¡ponerse guantes de látex, un suéter liviano y una gorra!

¿Y cuál era su tarea científica? Rodd cursa una maestría en oceanografía biológica en la Universidad de Manitoba y está interesado en conocer cuál es la función de las sustancias exopoliméricas que producen las algas y bacterias que viven en el hielo. Se cree que dichas sustancias le sirven a las algas y bacterias para protegerse de las condiciones climáticas de la regió polar, pero también tienen un papel importante en los flujos de carbono en el ecosistema. 

Para conocer esos datos, Rodd descendía a las inmensas plataformas de hielo y obtenía las muestras respectivas:  cilindros de hielo y los cortaba en ruedas de 10 centímetros.  Algunas de estas ruedas las cortaba en la intemperie, mientras las recolectaba, y otras las obtenía en uno de los cuartos fríos que había en el barco.  Los exámenes de laboratorio los hará en la universidad.

6 de Agosto del 2008

Domingos de gala

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Aquí estoy en compañía de la capitana Lise Marchand 

Para salir de la rutina los domingos eran especiales. La cena era servida a las 5 de la tarde y todos debíamos vestir nuestro mejor atuendo, aunque nada súper elegante.

La idea era lucir bien para disfrutar de una velada diferente y un delicioso menú: entrada (ensaladas, quesos, carpaccio), plato fuerte (pinchos de carne, camarones, parrilladas, etc.) y un sabroso postre (pastel de chocolate con frambuesas, helados, pies de queso, etc.).

Los integrantes de la tripulación lucían su traje de gala. Teníamos la opción de comer en la cafetería donde las mesas habían sido cuidadosamente arregladas o podíamos ir al salón donde usualmente comía el personal de la Guardia Costera.

Para esa ocasión era permitido comprar vino. La botella tenía un costo de 15 dólares y podía saborearse tanto durante la cena como en la sala de estar.

El primer domingo fuimos invitados, Toni y un par de investigadoras, a comer en compañía de Christopher Mundy (el jefe de científicos) y la capitana del barco Lise Marchand.

También estuvieron presentes el subcapitán Claude Lafrance y otras personas de la tripulación. Saboreamos unos deliciosos pinchos de carne, un pastel de chocolate y una copa de exquisito vino.  

Luego de comer es común que se formen grupos para conversar de distintos temas y nunca falta quien tenga algún dote artístico que quiera compartir con los demás. Por ejemplo, Mundy, dio muestra de su habilidad para interpretar la guitarra e improvisar unas cuantas estrofas.

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De izquierda a derecha Mundy y Lafrance.  En el fondo a la izquierda, Toni que conversaba con la capitana y en cel entro, mi tocaya Lucy, jefe del departamento de logística.

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Los integrantes de la tripulación visten su uniforme de gala.

4 de Agosto del 2008

El estudio de las olas y el hielo

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Con este radiómetro Mukesh mide el calor de la superficie del océano Ártico.

Mukesh Gupta, originario de la India, es un estudiante de doctorado de la Universidad de Matinoba en Winnipeg, quien a pesar de que se marea cuando las olas del océano están agitadas (y lo cuenta con una amplia sonrisa), estuvo 18 semanas a bordo del rompehielos Amundsen.

Su trabajo consistió en medir los patrones de la rugosidad de la superficie del océano, ocasionada por el derretimiento del hielo. Según dijo, la rugosidad de la superficie es una manifestación directa de la turbulencia que ocurre en la interface entre el océano y el mar, el hielo y la atmósfera.  Esa rugosidad es debida a fuerzas dinámicas (movimiento) y también a fuerzas termodinámicas (presión, temperatura, volumen).

Entre estos factores dinámicos del océano están el viento y las olas; entre los mayores factores termodinámicos, las masas de gas que se intercambian entre el océano y el mar, el hielo y la atmósfera, así como la transferencia de calor que ocurre entre ellos.

Hay muchas maneras en que la rugosidad de una superficie puede ser estimada. Mukesh lo hace en dos escalas. Una pequeña y otra regional o más grande. La primera la obtiene con métodos de altimetría y esparcimiento usando equipos para medir esa dispersión. La segunda la consigue con ayuda de información satelital.

Conocer la pequeña escala de esa rugosidad le sirve para desarrollar algoritmos que le permiten una mejor estimación geofísica de los parámetros del hielo del mar, vistos desde el espacio. La escala mayor es útil para el estudio de la termodinámica entre el océano y el mar, el hielo y la atmósfera.

Para conocer la ondulación de las olas, Mukesh también utiliza boyas meteorológicas en el agua del océano y cerca de la orilla del hielo flotante. ¿Interesante, verdad?

Después de estudiar el mar Arábigo y de Bengala, tener la oportunidad de viajar al Polo Norte y conocer desde el surgimiento hasta el derretimiento del hielo ha sido para Mukesh una experiencia profesional y personal invaluable.

Él menciona que con esta oportunidad pudo comprobar cómo las regiones polares están siendo las más rápidamente afectadas por el calentamiento global.

“Si el hielo se derrite, el clima cambia, es algo que está ocurriendo y para nada se trata de histeria científica”, señaló.

2 de Agosto del 2008

Un polizón a bordo

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La primera vez que lo vi fue durante el “día de campo” que efectuamos en la cubierta. Pero fue más ágil y emprendió el vuelo antes de que pudiera captarlo con la cámara.

Unos días después, cuando estaba tomando fotos de la manera en que el Amundsen rompía el hielo como si se tratara de simple duropor, allí estaba, posado sobre un hermoso trozo de frío y blanco hielo.

De inmediato lo enfoqué, esta vez, fue más difícil que advirtiera mi presencia. Así fue como logré capturar la imagen de ese pequeño polizón que nos acompañaba en la travesía por el Ártico.

Su nido lo tenía en algún rincón de la cubierta, cerca del hangar del helicóptero. Durante el día de campo había salido a ver qué migas de pan satisfacían su apetito, y en esa ocasión, cuando blancas extensiones de hielo cubrían los alrededores, había bajado a “refescarse” un rato. Y vaya si era astuto, tan pronto vio que el barco se alejaba emprendió el vuelo para continuar viajando y disfrutando cómodamente  de la magnificencia del Polo Norte.

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1 de Agosto del 2008

Un amante más del Polo Norte

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Martin Richard, de origen canadiense, es el técnico en electrónica que estuvo a cargo del buen funcionamiento del sistema de cómputo y del equipo de navegación del Amundsen durante mi travesía científica por el Polo Norte. En la imagen de arriba aparece recolectando muestras de agua. 

Él fue quien amablemente estableció en mi computadora la conexión a Internet y facilitó que desde la comodidad de mi habitación pudiera compartir con ustedes los relatos acerca de la vida en ese espectacular rompehielos. También se mostró muy interesado en conocer distintos aspectos de la bella Guatemala.

Según me comentó Martin, luego de trabajar como profesor universitario decidió enrolarse en la Guardia Costera Canadiense para la cual labora desde hace cinco años y medio.

También me dijo que una de las cosas más interesantes de su trabajo es la oportunidad de conocer a personas de distintos países. Viajar hacia lugares donde la mayoría de gente nunca ha ido antes también es otra de las ventajas de su labor en alta mar, y le resulta grandioso cuando a él y a sus compañeros de la tripulación les permiten bajar a tierra y en algunas ocasiones hasta pescar.

Martin me explicó que la conexión del rompehielos con el resto del mundo mejoró mucho desde que le fue instalado el satélite geoestacionario Telesat´s, el cual permite a los navegantes estar en contacto con el resto del mundo a través del Internet, el teléfono y hasta ver televisión por cable. El Amundsen también está equipado con un equipo de radio posicionamiento para que en caso de alguna emergencia pueda ser localizado.

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Martin en su oficina.

Para compartir con todos los guatemaltecos la belleza de las islas del Ártico del Este, Martin nos envió las siguientes fotografías:

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Espectacular escenario.

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El Amundsen en las islas del Este canadiense.

30 de Julio del 2008

Suelo helado

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Las comunidades Inuit del Círculo Polar Ártico se encuentran establecidas en un espacio cuyo suelo está permanentemente congelado.  En idioma inglés se le denomina permafrost a este sustrato característico de las regiones muy frías o periglaciares.

Aquí no crecen árboles ni bellas plantas como las que en Guatemala tenemos la dicha de admirar. Las personas que viven en estos lares usualmente adquieren vitaminas y demás nutrimentos esenciales de algas marinas y algunas bayas. En la actualidad reciben frutas y verduras importadas pero de precio elevado por el costo del transporte.

Es por esa fría característica del terreno que las personas construyen sus casas sobre una base o cimiento de un metro o metro y medio de altura. De esta manera evitan que el calor de los sistemas de calefacción derrita el suelo. Si esto último ocurriera, las casas se hundirían y correrían peligro las vidas de sus inquilinos.

El permafrost de las regiones polares también está en riesgo con el calentamiento global.  El incremento de la temperatura hará no sólo que ese suelo helado pierda su consistencia sino también habrá inundaciones por el aumento en el nivel del océano Ártico.

En consecuencia también las personas se verán afectadas. Están en riesgo de perder la vida y además tendrán que migrar hacia otros sitios más seguros. Todo este cambio en su milenaria forma de vida es de gran impacto.

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En esta imagen se aprecia el espacio que hay entre el suelo y “el piso” de la casa.