Guatemala, 12 de octubre de 2008
Carlos Morales comentó que, en la cárcel de Miami, donde él permaneció, no les daban buena comida y los movían constantemente de lugar. “Cuando alguien se enfermaba, no nos daban medicina, solo hasta que veían que alguien ya se iba a morir”, se quejó.
Sandro Cudzal, otro de los deportados, manifestó junto a otros compañeros que las autoridades de EE. UU. se quedaron con sus pertenencias.
“Nunca nos devolvieron los anillos, celulares y ropa que nos quitaron al ingresar en prisión”, expresó el joven.
Los deportados —con camiseta blanca— salieron de la Fuerza Aérea, y fueron recibidos por sus familiares, entre besos, abrazos y lágrimas de emoción.
Por marcela fernández
Después de cinco meses de permanecer en distintas prisiones de EE. UU., al menos cien guatemaltecos detenidos en Post- ville, Iowa, en mayo pasado, fueron deportados, y ayer llegaron al país.
Entre lágrimas y emociones, familiares esperaban afuera de la Fuerza Aérea para recibir a los migrantes, quienes pasaron cinco meses tras las rejas, luego de que la Policía de Inmigración y Aduanas de EE. UU. (ICE, en inglés) los capturara, en una redada masiva ocurrida el pasado 12 de mayo, en Postville, Iowa.
En esa oportunidad, 250 guatemaltecos fueron condenados a purgar cinco meses de cárcel por usar identificaciones falsas que la misma empresa Agriprocessors les entregó. Hoy, la empresa se encuentra bajo investigación por más de mil delitos laborales.
Los recién llegados se veían alegres, aunque algunos tenían la mirada perdida frente a la incertidumbre de su situación económica.
El vicecanciller Miguel Ángel Ibarra se encargó de la bienvenida, y les ofreció apoyo por parte de la Cancillería.
Les informó que 21 guatemaltecos se quedaron en EE. UU. para servir de testigos en la investigación contra Agriprocessors. “Ellos tendrán beneficios, como permiso temporal de trabajo, vivienda y seguro”, indicó Ibarra.
Algunos retornados expresaron su alegría por haber vuelto al país, luego de sufrir humillaciones en las cárceles.
“Los policías nos trataban como perros; a mí me pusieron en una celda con criminales, y nosotros solo fuimos aprehendidos por trabajar para mantener a nuestra familia”, se quejó uno de los deportados.
La mayoría manifestó que fueron movilizados constantemente a diferentes cárceles, debido a las inundaciones.
Todos los connacionales venían con ropa desechable. “El cónsul prometió que nos daría ropa decente para volver, pero la Policía solo nos dio estos trapos sucios y rotos”, reclamó otro migrante.
Ibarra explicó que las autoridades estadounidenses habían indicado al cónsul de Guatemala en Chicago que se les otorgaría esa vestimenta, pero no especificaron qué tipo de ropa era, y esto causó indignación en la mayoría de retornados.
En el aeropuerto, los ahora deportados salieron a la calle en busca de sus familiares, con quienes se fundieron en abrazos y lágrimas.
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