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Guatemala, 12 de enero de 2009

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CATALEJOMario Antonio SandovalNúmero propuesto aún es muy alto

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LA PROPOSICIÓN DE FIJAR en 140 el número de diputados del Congreso de la República, presentada por la Comisión de Asuntos Electorales del Congreso de la República, es un paso en la dirección correcta, pero constituye una cifra aun demasiado alta. Los Acuerdos de Paz señalan ese número en 80, y éste debe ser considerado el más correcto, porque fue resultado de análisis y estudios realizados por los representantes de los bandos en disputa, pero sobre todo de la comunidad internacional. No fue sacado del aire. Ese alto número es uno de los truquitos presentados por los partidos políticos, interesados desde entonces en darle puesto a sus integrantes, debe ser cambiado para realizar una reducción efectiva y popularmente aceptada.

EL TEMA PRINCIPAL de discusión se refiere al criterio de dejarle a un Congreso un número de diputados fijo o de variación mínima, o de hacerlo depender de la población. La principal crítica a esta segunda posibilidad se refiere no solo a la cantidad en sí, y a los gastos cada vez más altos derivados del número creciente de diputados, sino a la creación, en el caso de Guatemala, de “megadepartamentos”, donde sea concentrada una cifra desproporcionada de los representantes en el hemiciclo. Se crea una superfuente de curules, en este caso del Distrito Central y el departamento de Guatemala, en detrimento de los pequeños, como Baja Verapaz, por ejemplo. Se origina, fatalmente, un fenómeno de desbalance imposible de cambiar.

OTRA REFORMA PLANTEADA se refiere a la cantidad de dinero otorgada a los partidos políticos en concepto de premio por cada voto electoral obtenido, actualmente fijado en el equivalente a dos dólares. Esta cifra es subida a tres dólares. Esta es muy difícil de vender a la opinión pública, pero la propuesta fácil de considerar una segura fuente de críticas es la del aumento del gasto en las campañas políticas. Actualmente queda en un dólar por cada ciudadano empadronado, y está propuesto subirlo a dos dólares, y darle un dólar por voto obtenido a los partidos participantes en la segunda vuelta. Vale la pena repetir: la propuesta va en el camino correcto en cuanto a reducir el número de diputados, pero se queda aún muy corta.

EN RESUMEN, LA PROPUESTA baja solo 18 de los 158 diputados actuales. Esto reduce el costo mensual, de 18.4 a 16.3 millones de quetzales mensuales, solo en lo referente a salarios de los congresistas. Al simplemente ver esas cifras, queda claro el escaso efecto en el aspecto económico, pero sobre todo en cuanto a una de las razones de oponerse con más ahínco a hacer realidad esa escasa rebaja: los partidos políticos carecen de cuadros propios para llenar esos puestos, y por ello deben llenarlos con personajes tránsfugas de otros partidos, o de gente con dudosos antecedentes. Estos son muchas veces los principales actores de los escándalos de todo tipo escenificados en el Congreso de la República, de lo cual el año pasado fue pletórico.

COMO DICE EL VIEJO DICHO, lo importante es la calidad, no la cantidad. En este momento, al menos la mitad de los diputados simplemente son comparsas, en un hecho similar al del resto de anteriores Congresos. Son solo un puñado de representantes populares los destacados, y muchos de ellos por sus errores, no por su calidad legislativa. Mientras grupos políticos guatemaltecos continúen con su decisión de no convertirse en partidos en el sentido institucional y político de la palabra, no se puede tener un alto número de diputados. Hacerlo significa sepultar aún más el prestigio del organismo, teóricamente, más importante de la democracia, por su representatividad directa. Por eso, sugerir 140 diputados es imposible de aceptar.

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