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El retrato de Sor Juana 

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Juana De Maldonado y Paz

Disfrutaba de las artes

Recibió esmerada educación

• Se dice que Sor Juana poseía la mejor colección de instrumentos musicales de la ciudad, una completa biblioteca y la capilla privada más fastuosa.

• Disfrutó una vida de arte y erudición que resonaba en todo Santiago. Por estos motivos, Máximo Soto Hall, en su biografía publicada en Chile, en 1938, la llamó La Divina Reclusa.

• En sus lujosos aposentos se reunían los más distinguidos personajes en entretenidas veladas musicales y literarias, a las cuales asistía incluso el obispo.

•  Recientemente fue restaurado el palacete barroco del siglo XVIII, construido sobre el que habitó la famosa Sor Juana un siglo antes, en el interior del Convento de La Concepción.



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Esta reproducción de 1972 es la única referencia del cuadro de Sor Juana, retratada como Santa Lucía por el pintor Francisco de Montúfar.
  • Esta reproducción de 1972 es la única referencia del cuadro de Sor Juana, retratada como Santa Lucía por el pintor Francisco de Montúfar.

Por miguel f. torres

11:10 | 27/07/2009

Uno de los personajes históricos más polémicos e interesantes de Santiago de Guatemala (hoy Antigua Guatemala) durante la primera mitad del siglo XVII fue, sin duda, Sor Juana de Maldonado y Paz.

Nació en 1598. Fue la única hija del Oidor de la Real Audiencia, licenciado don Juan de Maldonado y Paz. Desde joven recibió una esmerada educación, poco usual para una mujer de su época.

Su vida fue influida por la singular historia de una célebre pintura al óleo que realizó el fundador del linaje de los tres pintores Montúfar que vivieron en Santiago durante el transcurso del siglo XVII: Francisco, su hijo Antonio y su nieto Francisco Antonio. Al nieto, el capitán-pintor Francisco Antonio de Montúfar y Colindres Puerta, se le atribuye el “verdadero” retrato del Santo Hermano Pedro de Betancur que actualmente se encuentra en el Museo de San Francisco El Grande.

Una pintura de escándalo

Desde muy joven, “Juanita” fue notoria por su belleza e inteligencia. Nunca imaginó lo que sucedería después de que Francisco de Montúfar y Bravo de Lagunas la retratara, antes de 1613, encarnando a Santa Lucía, junto con su padre el Oidor, como San Juan Bautista, y a su primo Pedro Pardo, como San Esteban.

La famosa pintura se colocaba en altares y era llevada en procesiones, lo que suscitó mayúsculo escándalo en la ciudad.

En 1615, el canónigo Rodrigo de Villegas, enfurecido por la osadía y sacrilegio de los tres conocidos personajes, presentó la denuncia ante el siniestro comisario del Santo Oficio en México, don Felipe Ruiz del Corral. Ante el escándalo, Juana recurrió obligadamente a lo que era de esperarse en su época: recluirse en un convento y hacerse monja, lo que a la vez le permitiría dedicarse de lleno a las actividades artísticas e intelectuales. Ingresó en el magnífico convento de La Concepción, donde profesó sus votos definitivos en 1619.

De acuerdo con el monje viajero y cronista Thomas Gage, inglés que visitó Santiago muchos años después, la iglesia del convento —ubicada hoy en la salida de Antigua— tenía una valiosa colección de arte. Allí vivían en esa época unas mil mujeres, entre monjas, novicias, doncellas y esclavas.

La belleza e inteligencia de Juana no fue opacada por su vida conventual. Su padre le construyó una hermosa casa-apartamento dentro del convento, que fue famosa por su riqueza, belleza y comodidad.

El más entusiasta de sus admiradores era el obispo, quien enloquecía con la fascinante personalidad de la bella monja. Cuando la nombró abadesa, por encima de monjas de mayor mérito, causó gran escándalo en el convento. Sor Juana murió alrededor de 1666, un año antes que el Santo Hermano Pedro.

Por años se creyó que Sor Juana era un invento de Thomas Gage, pero su existencia histórica se confirmó cuando el historiador Ernesto Chinchilla Aguilar encontró en México la denuncia en la Inquisición, suscitada por el cuadro en que aparece como Santa Lucía. Otros dos historiadores guatemaltecos, Ricardo Toledo Palomo y Mariano López Mayorical, sacaron a la luz documentos del siglo XVII que demostraron su existencia.

Además, la doctora Luz Méndez de la Vega descubrió y reconoció una copia completa de un auto navideño que acertadamente le atribuyó a Sor Juana, titulado: Entretenimiento en Obsequio de la Guida a Egicto.

En su libro La amada y perseguida Sor Juana de Maldonado y Paz (2002), Méndez de la Vega atribuyó erróneamente la pintura al afamado y querido capitán-pintor Antonio de Montúfar y Vivar Quiñones, hijo de Francisco, quien vivió años más tarde, fue muy amigo del Santo Hermano Pedro y pintó la primera serie de cuadros de La Pasión para El Calvario antigüeño.

Esta erudita autora dice en su libro que quizás debido al escándalo, la Iglesia, el Oidor o el pintor destruyeron el lienzo, para desaparecer la prueba, pero esto no fue así. Se cree que la célebre pintura se conservó hasta hace pocos años, pero fue cercenada y vendida por fracciones. Se conoce la foto que ilustra este artículo, la cual fue tomada directamente de la publicación del miembro de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala, don José Manuel Montúfar Aparicio, titulada: Los pintores Montúfar en la Ciudad de Santiago de Guatemala en el siglo XVII (1972).

Miembro de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala

miftorres@hotmail.com

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