Retratista del tiempo

Al abrir la puerta del estudio de Carlos Sabino revolotea ese olor característico a libros almacenados. En los estantes se pueden observar textos que van desde los tomos de la Historia General de Guatemala hasta obras de música, arte y cultura.

Por Yadira Montes

cuando deja a un lado su traje de investigador y docente, Sabino se considera un amante de las pequeñas cosas que ofrece la vida.
cuando deja a un lado su traje de investigador y docente, Sabino se considera un amante de las pequeñas cosas que ofrece la vida.

El pequeño santuario de este historiador juega con una luz natural que entra por la ventana que ilumina un sofá y la computadora, esa que guarda el tesoro más grande de Sabino: sus escritos.

Nació el 24 de julio de 1944, en Buenos Aires, Argentina, y desde los 15 años se imbuyó de la ideología de izquierda y reconoce que eso lo hizo decidirse por estudiar Sociología. “El marxismo me ofreció una receta global, atractiva; además, el ambiente político que se vivía en Argentina en esos años y la caída de Juan Domingo Perón me hicieron apasionarme por esta rama”, explica.

Estudió Sociología en la Universidad Nacional de Buenos Aires, en 1970. Se trasladó a Chile en 1971, para colaborar en el experimento de socialismo que iniciaba Salvador Allende, y allí ingresó como profesor de la Universidad del Norte, en Arica.

Luego de haber vivido un año en Perú llegó a Venezuela, en 1974, donde ganó por oposición la cátedra de Métodos, en la Escuela de Sociología, de la Universidad Central.

Tras su paso por estos países, Sabino quería hacer una investigación sobre la reforma de los años de 1980 en América Latina. Averiguó en distintos lugares y unos amigos de la Universidad Francisco Marroquín (UFM) lo invitaron a quedarse en Guatemala como catedrático invitado, lo cual vio como una oportunidad para seguir escribiendo un libro que comenzó en 1998.

Sabino asegura que desde sus primeros años en el país le fascinó el ambiente, y no cree que se vaya de aquí porque encontró un nicho para seguir escribiendo.

En su autobiografía relata su distanciamiento del socialismo, aunque asegura que no es de derecha.

¿Cómo un argentino resulta recabando información para escribir historia de Guatemala?

Soy sociólogo y quería escribir una investigación socioeconómica de la reforma de los años de 1980. Esto me disparó al lado de la historia, pues para conocer la reforma había que comprender la situación crítica que hubo antes, qué la originó, y así me interné en la historia de Guatemala. Porque no puede existir estudio sociológico si no es históricamente.

Ha escrito varios libros basados en Guatemala. ¿Recuerda cuál fue el primero?

Guatemala, dos paradojas y una incógnita, que lo hice para El Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (Cien), en el cual trato las contradicciones económicas que enfrenta el país.

¿Qué lo hizo seguir profundizando en la historia?

Después de este libro no encontré una bibliografía completa que narrara de forma imparcial los hechos que sucedieron en el país. Además, mi primer interés de la historia es sociológico, político, ideológico, pero también el aspecto humano, la vida de las personas, presidentes, líderes, tanto guerrilleros y militares. No hay país pequeño para la historia.

¿Cuál es su concepto de historia?

La verdadera historia no son elogios y denuestos, odio y amor, sino realmente ponerse en los zapatos del otro. No importa si es un líder comunista, militar, la ideología política; eso no es lo que necesita el país, sino un reencuentro con el pasado que lo motive a la comprensión, a la paz, y no al odio.

¿Cuál es la clave para escribir la historia de un país?

Debemos estar claros que al fin y al cabo las personas que más odiamos son seres humanos, y las personas que más amamos tienen defectos, y esto debe saberlo un historiador para interpretar de mejor manera los acontecimientos.

Su libro más polémico es Guatemala, la historia silenciada, que relata la situación del país de los años 1944 a 1988. ¿Cómo se embarca en un tema tan delicado?

Primero entrevisté a personas que participaron activamente en el conflicto. Luego leí todo sobre él, y viajé al Ixcán, el triángulo Ixil, Santa Cruz del Quiché, para recabar testimonios de lo que pasó en la guerra.

¿Y cuál fue su experiencia?

Mi impresión en cada lugar fue distinta, pero creo que en Santa Cruz del Quiché fue más aterradora la experiencia. Un conflicto como este es muy complicado de estudiar. Reconozco que falta mucho por hacer. En el libro no se puede reflejar todo, porque no es una guerra en que se gana una batalla.

¿Cuánto tiempo le tomó recabar la información?

Fueron entre cuatro y cinco años discontinuos. Viajé los fines de semana para conocer los testimonios. Con esto obtuve una idea global del conflicto. Fue una experiencia linda.

Son dos tomos de la Historia silenciada y muchos lo tachan de ser un texto de derecha. ¿Tiene tintes ideológicos esta obra?

La historia es tratar de comprender los hechos. No puedes hacer historia para defender un punto de vista. No soy de derecha. Fui de izquierda activa marxista, tuve contacto con gente que quería ir a la guerrilla en Argentina, pero ahora te puedo decir que soy una persona favorable a la libertad; no estoy a favor de los poderosos.

De este libro se imprimieron 10 mil ejemplares, siendo un texto de historia. ¿Cómo se siente que a pesar de la crítica las personas siguen buscando la obra?

Lo que más me ilusiona y me emociona es que son varios ejemplares. Eso es el reflejo de que las personas quieren conocer su pasado. He recibido muchas críticas, tanto a favor como en contra. Algunos me tildaron de derechista, fui adjetivado, pero no me han dicho ‘en la página tal se equivocó por eso y esto’.

Después de vivir más de 20 años en el país, ¿qué concepto tiene de los guatemaltecos?

Creo que son demasiado críticos de sí mismos y de su país. Esto, al final, los convierte en negativos. Está bien ver los puntos negros, pero se deben reconocer las cosas buenas; no todo está perdido.

¿Cree que el país puede dar pasos de desarrollo en el futuro?

Cuando se es extranjero y llegas al país, puedes ver que hay cosas buenas. Conflicto y crisis existen en todos los países, pero creo que Guatemala avanza, aunque llegó tarde, pero eso no quiere decir que no esté invitada al desarrollo.

Detrás del historiador y sociólogo, ¿cuál es la esencia de escritor?

Tomaré prestadas las palabras de Ortega: “No hay una definición; el hombre no tiene naturaleza, sino historia”.

Soy un apasionado por la verdad, la música. Odio los conflictos, trato de vivir para sí, no para impresionar a los demás.

¿Qué hace en sus tiempos libres?

Me encanta el arte en todas sus formas, disfruto mucho de viajar. Cuando necesito enfriar la mente juego sudokus o en la computadora. También me encanta la música sinfónica y tengo un teclado que me entretiene.

¿Seguirá escribiendo?

Sí. Estoy trabajando en otros libros. Aún hay mucho que decir sobre Guatemala.