Agregó que en su primer año dedicado a la naturaleza, con el respaldo de otras personas, pudo sembrar unos 250 árboles de las especies encino, ciprés, pino y otros, cantidad que con el paso de los años se ha incrementado, al visitar escuelas y colegios del nivel primario, e implementar el programa Adopta un Árbol.
Este proyecto ha llegado a centros educativos como parte de las acciones que implementa la asociación no gubernamental Huehuetenango Verde, de la cual ella es fundadora, y que consiste en pedir a los estudiantes recipientes plásticos de dos litros con la boquilla cortada para llenarlos con tierra y entregarles la planta para que ellos la siembren y la cuiden como si fuera un hermanito.
Explica que con el paso del tiempo los niños trasplantan el árbol en su casa, el cual se cuida y se vigila, para que no muera y se convierta en un árbol que genere oxígeno.
Agrega que el último año entregó 80 mil árboles, y en lo que va del 2012 —entre niños, asociaciones y comunidades— rebasa los cien mil, y que para el próximo año ya tiene en su invernadero las plantaciones que ahora incluyen hormigo y ahuehuetl, que es el árbol símbolo de este departamento, así como güito y una variedad de ciprés que se adapta a las bajas temperaturas.
Bosques de güito
“Tengo proyectado impulsar una campaña en la Sierra de los Cuchumatanes para crear bosques de güito. Esta especie solamente existe en esta área y en lo alto del volcán Tacaná, San Marcos, el cual se halla en riesgo de extinción”, expresó Alfaro.
Agregó que su jornada empieza a las 6 horas con el riego y cuidado del invernadero, y luego se dedica a su negocio, que consiste en la elaboración de productos gastronómicos huehuetecos, los cuales vende en su cafetería y pastelería Doña Estercita, ubicada en la 2a. calle y 6a. avenida, zona 1, de Huehue, cuyo éxito atribuye a que todo lo hace con amor.
Tras haberse graduado como Perito Contador, le pidió a su padre, Lorenzo Alfaro Escobedo, hace 33 años, apoyo para abrir su cafetería, la cual recuerda que al principio solo tenía dos mesas con dos sillas, un termo y cuatro tazas, y actualmente tiene 22 empleados.
Según María Olga Méndez, hija de Alfaro, su mamá es un ejemplo a seguir por su entrega a su trabajo, pero sobre todo por la proyección social que tiene, ya que su prioridad es la reforestación.
“Ella está preocupada por el planeta, y por ello se dedica a hacer viveros y reunir semillas. Antes del invierno se va al río Zaculeu a recoger semillas de ahuehuetl, las siembra y cuida hasta que llegan a una altura de 70 centímetros para trasplantarlas. Tiene un semillero de palo negro y uno de ciprés, que se da en los Cuchumatanes”, explica.
Según Méndez, algo particular que ve en su mamá es que no solamente se dedica a compartir sus conocimientos forestales con pobladores —adultos y niños—, sino que además le gusta verlos sonreír cuando les regala arbolitos.
Agrega que lo hace también con cada miembro de la familia, principalmente con sus nietos.