Edwards (Manchester, 1925) comenzó a interesarse por la fertilización en la década de 1950, cuando estudiaba biología en la Universidad de Gales y luego en la de Edimburgo, donde se doctoró en 1955 con una tesis sobre el desarrollo de los embriones en ratones.
El proceso de fertilización in vitro había sido estudiado por primera vez en no mamíferos a mediados del siglo XIX, y casi un siglo después se demostró que óvulos de conejos madurados podían ser fertilizados con esa técnica y dar lugar a embriones.
Durante la primera parte del siglo XX, investigadores de medicina reproductiva discutían sobre cómo fecundar óvulos humanos, pero la complejidad del proceso y la insuficiencia tecnológica hacían que no se produjeran avances, hasta que apareció Edwards, primero en el Instituto Nacional de Investigación Médica de Londres y luego en la Universidad de Cambridge, a la que sigue vinculado en la actualidad.
Edwards fue realizando descubrimientos significativos: reveló cómo maduran los óvulos humanos, qué hormonas regulan ese proceso, en qué fase son susceptibles de ser fertilizados por el esperma, y las condiciones en que éste tiene la capacidad de fertilizar.
Sus esfuerzos le permitieron fecundar por primera vez un óvulo humano en una probeta en 1969, aunque esos óvulos no se desarrollaban más allá de una división celular simple.
Edwards pensó que óvulos madurados en ovarios podrían funcionar mejor, pero el problema era que no existía un método conocido para extraer un número suficiente en la fase correcta.
Un artículo del ginecólogo Patrick Steptoe, fallecido en 1988, sobre la laparoscopia, una polémica técnica que permitía examinar los ovarios a través de instrumentos ópticos y de la que era uno de los pioneros, puso a Edwards sobre la pista correcta.
Ambos empezaron a trabajar juntos, y gracias al uso de esa técnica, Steptoe pudo sacar los óvulos de los ovarios y Edwards los fertilizó in vitro, formando con éxito embriones precoces.
Sus prometedores avances fueron frenados por las autoridades británicas, que le retiraron la financiación por cuestiones éticas, aunque pudieron seguir adelante gracias a donaciones privadas.
La oposición por problemas éticos de políticos, líderes religiosos e incluso otros científicos fue una constante en esa etapa, pero no impidió que las investigaciones siguieran avanzando.
A comienzos de la década de 1970 empezaron a transferir embriones fecundados in vitro a los úteros, y tras un centenar de intentos frustrados por abortos y de eliminar el tratamiento hormonal suministrado a las mujeres, apostando en su lugar por confiar en el ciclo menstrual de las pacientes, llegó el éxito definitivo.
El primer “bebé probeta” , Louise Brown, nació el 25 de julio de 1978, y con ella, una nueva era en la medicina.
Edwards y Steptoe crearon luego en el Bourn Hall Clinic de Cambridge el primer centro para terapia de fecundación in vitro del mundo, donde se siguieron produciendo avances en los años siguientes y que sirvió de inspiración a muchos otros científicos.
Robert G. Edwards sustituye en el palmarés del Nobel de Medicina o Fisiología a los genetistas estadounidenses Elizabeth H. Blackburn, Carol Greider y Jack W. Szostak, premiados el año pasado por sus investigaciones sobre el envejecimiento de las células.
La elección de Edwards había sido apuntada en su edición de hoy por el periódico sueco “Svenska Dagbladet” , que lleva dos años pronosticando con acierto el ganador en Literatura.
“Siempre hay especulaciones sobre el premio Nobel y nunca comentamos eso. No sé por qué un diario de Estocolmo acertó este año” , dijo a la agencia sueca TT el secretario del comité Nobel del Karolinska, G ran K. Hansson.
La elección en Medicina abrió la ronda de ganadores de los Nobel, que seguirá mañana con el de Física, y continuará los próximos días, por este orden, con los de Química, Literatura, de la Paz y Economía.
PERFIL: Padre del bebé probeta
Robert Geoffrey Edwards, el “padre” del primer bebé probeta, fue galardonado hoy con el premio Nobel de Medicina, 32 años después de revolucionar el mundo con el resultado de sus investigaciones sobre la fecundación in vitro, que permite a parejas infértiles tener hijos.
Desde el nacimiento del primer bebé probeta, la británica Louise Brown en 1978, unos cuatro millones de personas han nacido gracias a este método, que consiste en fecundar el ovocito fuera del cuerpo de la mujer e introducirlo luego en el útero.
Edwards, condecorado con la Orden del Imperio Británico y varios reconocimientos médicos de prestigio, nació en la ciudad inglesa de Mánchester el 25 de septiembre de 1925 y se doctoró 30 años después en el Instituto de Genética Animal de la Universidad de Edimburgo tras estudiar el proceso de reproducción en ratones.
Con varios descubrimientos cruciales a sus espaldas, Edwards decidió pasarse a la reproducción humana, consciente de que el avance de sus investigaciones podría llegar a atajar el problema de la infertilidad que afecta a un 10% de las parejas, y a diagnosticar problemas genéticos antes de que el embrión fuese implantado en el útero.
En 1963 entró en la Universidad de Cambridge y siguió realizando progresos en sus estudios a base de poner en duda las “convenciones” médicas sobre la fertilidad humana.
Así, seis años más tarde Edwards logró por primera vez fertilizar un óvulo totalmente fuera del cuerpo femenino, con lo que consiguió el reconocimiento de la comunidad científica internacional.
A continuación, comenzó a estudiar cómo implantar el óvulo humano fecundado en el útero de la madre y descubrió los avances en el campo de la cirugía de quien desde poco después sería su compañero de investigación, el ginecólogo Patrick Steptoe.
El primer intento tuvo lugar en 1972, pero fracasó en la décimo-tercera semana de embarazo.
A partir de entonces, Edwards y Steptoe decidieron suprimir los tratamientos de hormonas que habían empleado hasta la fecha por los problemas que causaban, confiando en que sus avances científicos lograrían superar el hecho de sólo disponer de un óvulo.
Varios años después, en otoño en 1977, el matrimonio Brown llamó a la puerta de esta pareja de científicos: Lesley Brown no tenía trompas de Falopio y precisaba de un “milagro” médico para quedarse embarazada.
Edwards y Steptoe hicieron sus cálculos, aplicaron sus últimos avances y el 25 de julio de 1978 nacía Louise Brown, la primera bebé probeta.
Durante la década previa a este descubrimiento, los dos investigadores tuvieron que luchar contra quienes les atacaban desde el mundo de la ética y la religión, y contra sus propios colegas, que temían bebés con malformaciones o secuelas.
El hoy galardonado con el premio Nobel de Medicina cofundó la primera clínica especializada en fecundación in vitro en 1980 en Cambridge.
Ocho años más tarde, falleció su compañero de investigación Steptoe.
Edwards ya ha sido galardonado por su revolución reproductiva con el premio Albert Lasker de Investigación Médica Clínica (2001) y en 2007 el periódico británico “The Daily Telegraph” lo situó en el puesto 26 en la lista de los 100 mayor genios vivos.