Añadió que en principio eran terrenos sin sentido de conservación, pero conforme transcurrió el tiempo surgió la idea de efectuar un estudio topográfico, y fue así que se logró consolidar la construcción del área recreativa.
“No dejamos de mejorar las instalaciones, y por eso hace unos meses se instaló un canopy de 200 metros de longitud, donde los visitantes pasan instantes de emoción al atravesar de un lugar a otro por medio de un alambre acerado”, contó González.
Los creyentes en milagros no dejan de visitar el interior de las dos cuevas, donde piden algo material a Dios, y “se los concede”.
Sara Toc, una visitante que llegó de Olintepeque, Quetzaltenango, puede testificar que una familiar no podía tener hijos, pero alguien le comentó que las cuevas de La Castalia eran milagrosas, por lo que se decidió a viajar y dos años después fue madre.
Julio González, turista, refirió que llevaba sus alimentos fríos, pero en un sector de las cuevas descubrió que existen piedras candentes, donde los pudo calentar. También observó que de unas rocas corría agua hirviendo, por lo que en estas metió una olla de aluminio con agua y varios huevos, los cuales se cocieron.
Se cree que las enormes cuevas son un respiradero del Volcán Tajumulco, situado a unos 35 kilómetros de distancia. Además, en este sitio se puede apreciar el río Palatzá, cuyas aguas incrementan el caudal de los afluentes Naranjo y Suchiate.
Estas aguas ayudan al embalse de una hidroeléctrica que pertenece a la municipalidad de la cabecera de San Marcos.
Ayuda en la economía
Ramiro Orozco, vecino sampedrano, señaló que este punto turístico los ha ayudado económicamente para llevar alimento a sus familias, ya que en días festivos instalan ventas de comida y artesanía en los alrededores.
El horario para el público es de 7 a 17 horas, de lunes a domingo. El precio de entrada es de Q10 para adultos y los Q5 los niños.