Se trata de una obra de teatro-circo en la que verás: ?A un león feroz doblegado ante la valentía de un domador italiano. ?A los más famosos trapecistas de Uzbekistán que jamás hayas visto en el teatro de Cámara. ?A tres bailarines de tap que además son cantantes, malabaristas gitanos y cocineros de revoltijos. ?A un mago que parte en dos a su mujer y no le deja ni un rasguño. ?A la típica gitana culona, ficticiamente culona, que canta en flamenco los designios de su bola de cristal. ?Y verás también cómo viajan por el mundo dando alegría a cambio de unas miserables monedas.
El teatro-circo es un género que requiere de mucha gracia y destreza, además del dominio de todos los signos teatrales. Por divertidos que sean los resultados, tienen detrás gran esmero físico y la seriedad de los buenos payasos.
Ya conocemos el sello Toralla: es un actor imposible para cualquier dramaturgo. Incluso, para cualquier texto dramático que no sea de su autoría. Lleva una batuta brillante que le confiere su espontaneidad. Pancho Toralla (el personaje Papá) es dueño de gesticulaciones impresionantes.
Alejandra Estrada (Mamá), en esta obra, es un monumento a la gracia; un buen resorte a las embestidas actanciales de Pancho Toralla. Ella es la parodia disciplinada.
Y destaca en este montaje Daniela Toralla Cruz (Luna). A sus 10 u 11 años encanta por su baile, canto y actuación, y deja ver a una gran actriz en los inicios de su carrera.
Daniela luce segura y es excepcional.
Los tres actores proveen de un circo-teatro que asombra.
Acaso la escena de los platos es la única desafortunada, pues con uno que se les caiga (tal como sucedió el domingo 9) la escena pierde todo su objetivo; los actores lo saben y es por eso que en esa parte lucen inseguros, pues saben que un plato al suelo les trae al suelo la gracia.
Robalunas tiene apenas tres años de formación, pero su nombre ya crea expectativas.
Última función: sábado 15 de diciembre, 16 horas, Teatro de Cámara, Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. Admisión: Q40.00.