INDEPENDENCIASocialdemocracia y reforma

JUAN CALLEJAS VARGAS

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Una de las características de la socialdemocracia, al menos en sus rasgos conceptuales, es su clara orientación a reformas estructurales, y es, sin duda, parte de las expectativas de quienes votaron por la propuesta del futuro presidente. Ejemplos de reformas importantes y exitosas podemos encontrar en naciones como Chile, Costa Rica, Argentina o Brasil, hoy buenos referentes latinoamericanos de avances en democracia occidental.

La idea de reformas pone nerviosos a muchos cuya lucha permanente es mantener las cosas como están, puesto que un pueblo empobrecido, ignorante, hambriento y enfermo como el nuestro, es lo que conviene a miopes y egoístas intereses que no se dan cuenta de que sin reformas estructurales profundas en lo político, social y económico en Guatemala, el país se nos puede ir de las manos. Irresponsablemente, podemos echar a perder el nivel de libertad responsable y el camino hasta ahora recorrido -a conveniente velocidad de algunos- con los pocos avances para establecer una democracia tutelada por la ley.

Extrañamente, pero explicable en nuestra política criolla, el futuro gobernante ha declarado enfáticamente dos cosas difíciles de encajar con ideales reformistas. La primera, su no intención de reformas a la Constitución Política, y segundo, su no rotundo a una Reforma Fiscal de fondo.

Más peligroso aún, evidencia una tercera dificultad: su clara ausencia de ideas nuevas que refunden el Sistema Educativo del país, visto ya con claridad que hasta la fecha solamente hemos venido jugando con bonita publicidad sobre el tema y de modernidad, solamente podemos mostrar un edificio nuevo de vidrio y cemento para el Mineduc.

Una actitud y acción reformista es aquella basada en aplicar una o varias reformas de la legalidad existente que nos orienten en búsqueda de una mayor equidad. En contraste, la acción revolucionaria es aquella realizada de manera inmediatista, encaminada a tensionar la situación social, con el objetivo de destruir o acelerar la destrucción del Sistema, mediante la acción directa.

En la acción revolucionaria no se pide ni se mendiga, se toma lo que el Sistema roba socialmente. Con los explotadores no puede existir diálogo, sólo existe lucha y guerra social; es como se plantean las cosas.

La vía reformista intenta a toda costa ser un movimiento de masas, llegar a la gente de a pie, intentando movilizarla en favor de esas determinadas reformas. La mejor manera para llegar a la gente es ofrecer un escaparate de lucha política dentro del marco de la ley, altamente deliberativo, pero sólidamente propositivo. ¿Intentará este camino el futuro gobernante?

Las inquietudes respecto del perfil del anunciado corte socialdemócrata del próximo gobierno ya se están planteando, y falta ver si el nuevo gobernante querrá incursionar y de qué manera en estas avenidas, y más aún, falta ver si el bloque oligárquico desplazado en parte está dispuesto a sacrificar algunos peones para seguir conservando sus torres.

Una de las torres con sus correspondientes alfiles y peones es el llamado programa de Competitividad, mismo que el sector tradicional traduce exclusivamente en términos de inversiones multimillonarias en infraestructura, olvidándose del componente de capital humano, y por tanto, de temas como nutrición, salud y educación.

Es claro, entonces, que hoy podemos ver en la balanza la política social y los intereses empresariales, mismos que no tendrían que estar en contradicción si la inteligencia y la visión de largo plazo prevaleciera entre todos los dirigentes. ¿Será posible tal cosa?

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