Liberal sin neo
Pisando fuerte
Maniobra disruptiva y arriesgada con mensaje contundente
Los propósitos más evidentes y comunes de cobrar aranceles a las importaciones son generar ingresos fiscales, proteger y fomentar empresas nacionales y ejercer presión o influencia política. Estar a favor de la libertad de producir y comerciar significa oponerse a los aranceles por cuestión de principio; en general, son dañinos al consumidor.
El affaire de los aranceles va mucho más allá del tema puramente comercial.
En una acción dramática y apenas en la segunda semana de su presidencia, Trump anunció que impondría aranceles del 25% a las importaciones provenientes de México y Canadá y del 10% a las de China. Esto no puede verse de manera superficial ni pensar que Trump no ha pensado varias movidas adelante. Según sus propias declaraciones, persigue exigir que México y Canadá muestren más vigor para detener el flujo de migrantes y narcóticos, especialmente, fentanilo, hacia Estados Unidos. En los pasados cuatro años más de 10 millones de migrantes ingresaron ilegalmente usando a México cómo vía de paso. Cerca de cien mil personas mueren anualmente por fentanilo en EE. UU.; más que todas las muertes sufridas por ese país en las guerras de Vietnam, Corea, Afganistán e Irak. Los precursores del fentanilo provienen de China y es procesado, enviado y distribuido por los carteles mexicanos.
Un tema central en las acciones de Trump es la balanza comercial con estos tres países. Un artículo del Council on Foreign Relations (01/02/2025) muestra nueve gráficas ilustrativas del comercio entre ellos. Cerca de 40% de las importaciones de EE. UU., US$1.3 trillones de un total de US$3.2 trillones (2023) provienen de estos tres países, con balanzas desfavorables. Canadá exporta US$430 mil millones a EE. UU. e importa US$353 mil millones, México le exporta US$480 mil millones e importa US$323 mil millones (sin incluir los más de US$60 mil millones en remesas), China le exporta US$448 mil millones e importa tan solo US$148 mil millones.
En el caso de sus vecinos, Trump parece pensar que tiene la sartén por el mango, ya que sus economías son mucho más dependientes de sus exportaciones. Canadá vende 78% de sus exportaciones a EE. UU. y solo 22% al resto del mundo, mientras que solo 14% de las importaciones de EE. UU. proviene de Canadá. México es aún más dependiente; vende 80% de sus exportaciones a EE. UU., pero solo 15% de las importaciones de EE. UU. proviene de México. Casi 80% de los vehículos que produce México se exportan a EE. UU.; 2.5 millones de unidades anuales. EE. UU. también tiene marcadas dependencias; 60% de los vegetales y 50% de la fruta que consume provienen de México. Casi dos tercios del petróleo que exporta México va a EE. UU.; Canadá le vende 80% de sus exportaciones de petróleo a su vecino del sur.
La mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, amenazaron con imponer aranceles recíprocos. Tras conversaciones directas, Sheinbaum se comprometió a enviar 10 mil soldados a la frontera para contener la migración y el narcotráfico y Trudeau ofreció reforzar su frontera; a cambio, Trump acordó una pausa de 30 días para reconsiderar los aranceles. La maniobra de Trump es disruptiva y arriesgada, pero por otra parte envía un mensaje contundente; está decidido a cambiar el statu quo. La Unión Europea y el resto del mundo toman nota.
El affaire de los aranceles va mucho más allá del tema puramente comercial y es una pieza más en el arsenal que Trump está usando para proyectar fuerza y lo que percibe son los intereses de Estados Unidos. El presidente de Panamá ya anunció que no renovarán sus acuerdos con China. Para bien o para mal, el mensaje es que Trump está pisando fuerte.