HORIZONTESRompecabezas

FRANCISCO BELTRANENA.

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Tengo que reconocer que las secuencias de tiempo no siempre son favorables a las coyunturas, especialmente en materia política. Hace apenas una semana, el presidente de México, Felipe Calderón, anunció que el tema de seguridad marcaría la agenda de su país en relación con Guatemala.

De todos es sabido que el Departamento de Inmigración de los Estados Unidos efectuó una serie de operaciones simultáneas en un grupo de plantas empacadoras de carne, propiedad de la empresa Swift, en la que cayó apresado un buen número de guatemaltecos a quienes que se acusa de haber suplantado su identidad con el fin de conseguir trabajo.

Los números de deportados de los Estados Unidos han aumentado a lo largo del 2006 y se puede anticipar que los números seguirán creciendo de manera exponencial a lo largo del 2007, lo que de manera significativa representará un indudable golpe a la economía de remesas familiares que vivimos en Guatemala, a pesar de las gestiones que han efectuado tanto el canciller Rosenthal como la vicecanciller Altolaguirre.

A veces no es fácil armar un rompecabezas de muchas piezas, especialmente, si los colores y las formas son parecidas y uno no conoce la figura final de lo que uno va a resultar armando.

Recuerde usted simplemente un hecho: tanto los ciudadanos hondureños como los salvadoreños han recibido tratamiento especial temporal migratorio en los Estados Unidos después de los desastres naturales que afectaron su territorio.

Si usted relaciona un hecho con el otro (tratamiento especial y desastres naturales), no va a encontrar una relación directa, pero tal vez sí una indirecta.

En el caso de Honduras y El Salvador, usted puede encontrar una política bilateral de aliados con los Estados Unidos; en el caso guatemalteco, a pesar de haber padecido los mismos desastres naturales, la respuesta no ha sido la misma, y la relación bilateral no es de aliados, sino de amigos.

Mientras Guatemala es el país estratégicamente más importante para el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (Nafta), nuestro estatus no es precisamente el que mejor responde a los intereses de su realpolik.

Somos el país más numeroso de la región, el más complicado, el más conflictivo, a 10 años de la firma de los acuerdos de paz firme y duradera.

Narcotráfico, lavado de dinero, bandas de antisociales a los que denominamos maras, indicadores socioeconómicos que favorecen el conflicto social, falta de adecuado crecimiento económico para el crecimiento demográfico, falta de consolidación institucional, un Estado debilitado y con dificultades para establecer un régimen de legalidad y lejos de un verdadero y genuino estado de Derecho.

Del campo institucional es interesante mencionar el de la identidad personal. Si usted viera una licencia de manejar europea, se mataría de la risa en comparación con la nuestra, que tiene todo tipo de medidas de seguridad; pero si usted compara nuestra cédula de vecindad al documento de identidad europeo, le daría pena y vergüenza el nuestro.

Pues bien, esa cédula de vecindad es la que precisamente se resistió el Congreso de la República a cambiarla para las próximas elecciones, en vez del nuevo documento único de identidad.

Verdad que lo que acabo de escribir parecería que no tiene nada que ver con lo que he escrito antes; más bien, parecen piezas de diferentes rompecabezas. Pero no lo son. Los guatemaltecos no hemos querido comprender que nuestro sistema de identidad no da ninguna seguridad ni adentro ni afuera del país.

Este es uno de los tantos temas que nos afectan en las relaciones internacionales y locales. La seguridad para nuestros vecinos, aliados y amigos es de suma importancia. Las noticias nos dicen que pronto se desgranará el gabinete de seguridad por la salida del Ministro de la Defensa Nacional, general Francisco Bermúdez.

El Congreso no ha sabido tomar en cuenta los mensajes que le han sido enviados, y ha tomado las circunstancias a la ligera. Que no nos extrañe, ante la falta de interlocutores adecuados, que las cosas empeoren con nuestros amigos. ¡Hasta la próxima!

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