Algo semejante dicen los poetas al hablar de la poesía: Y sin embargo, se escribe. Porque, por más que se la quiera negar, la poesía no desaparece, aunque acercarse a ella no es fácil.
Cuatro son los poemarios que me han enviado tres damas y un varón. María del Rosario Molina, conocida columnista de Prensa Libre, acaba de publicar un segundo libro titulado “Poesía”.
El primero fue de cuentos: “Cuentos cortos y cuentos largos”. El de “Poesía” reúne 63 poemas escritos en el transcurso de su vida. Sus temas: el amor, la muerte, la naturaleza y la familia.
Advierte que cuando escribió poemas, con medida y rima, la poesía tradicional no estaba de moda.
Su poemario lleva un orden: principia con los poemas eróticos, a los que siguen los de la muerte.
Su padre, poeta y académico, la introdujo dentro de la poesía clásica, lo cual no significa que cuando escribe piense en el ritmo y la rima, simplemente escribe.
Dentro de los poetas que prefiere están: Byron, Keats, Bécquer, Darío, Batres Montúfar… Magna Terra, edita su libro.
Karla Olascoaga Dávila, filóloga peruana, crítica literaria y ensayista, escoge la editorial Palo de Hormigo para publicar su poemario “Sin esperar respuesta”. Ya antes había publicado “Atrapar a tiempo los recuerdos”. Su poesía, dice Berenice González, es “el antídoto” que salva a Karla de la tristeza, el dolor, la indiferencia, el hastío, el agobio.
Pero, sobre todo, “Sin esperar respuesta es un intento más por abrirle un espacio a la libertad a través de la palabra”. Jorge Carrol opina: “Todo lo que se relaciona con la poesía de Karla invade la vida. Todos sus poemas no son otra cosa que testimonios que penden y dependen de sus experiencias y de su sinceridad”.
Zoila Santa Cruz de Moll edita su propio poemario: “Poemas toscos del viejo arcón”.
Compañera de colegio, me envía su libro. Ya había tenido noticias sobre su poesía.
Su vida transcurre en los verdes cafetales de su finca en Tamahú. Galardonada con varios premios, Flavio Herrera dijo de ella: “Mujer de casta y poeta de alta cepa, doña Zoila Santa Cruz nos conmueve hasta los tuétanos, sin enterarse ni proponérselo”.
Enrique Wyld, a su vez, escribe en la contraportada: “Sus poemas son sencillos, sin ropajes, sin complicaciones. Directos, simples, humildes. Y hablan de la fuerza principal del universo: el amor”.
A Gustavo Sánchez es Magna Terra quien le edita “Para nadar en tu sangre”. Copio acertada crítica escrita en una solapa del libro: “Aquí no existe la voz interior que invade al poeta con una urgencia por escribir versos inmortales, plagados de magníficos epítetos.
Aquí lo que existe es la palabra justa, limpia como una sábana tendida en el mediodía de un sábado.
Existe, también, la vida en clave de palabra, con nervio y complicidad absoluta por eso que suelen llamar pasión y que otros, menos entusiastas, denominan oficio”.
Acaba de presentar su libro en el Congreso de Escritoras y Escritores en Panamá, en donde leyó su poesía.