Para las empresas operadoras de turismo, esta celebración no es rentable, aunque en teoría debería motivar la llegada de visitantes del país y centroamericanos, ya que es la única festividad cívica independentista del Istmo.
Vercoutere señaló que la fiesta tendría que estar investida de interés histórico y cultural. “A la municipalidad solo le importa el dinero que pueda producir”, expuso.
Entre tanto, el sector hotelero y turístico solo tiene agenda para destinos como el hábitat del quetzal, en San Marcos.
Dennis Rodas, presidente de la Mesa de Competitividad, confirmó que el eje más importante de la feria es el comercio, pues es la segunda actividad económica más importante de Xelajú, solo después de la Navidad.
“En el 2009 —la feria— tuvo un flujo comercial de unos Q22 millones. Beneficia incluso a la municipalidad”, reveló Rodas.
Además consideró que actualmente no existe un concepto claro de feria patria, ya que el fervor se ha diluido.
También ha dejado de funcionar como marco para los negocios, pues anteriormente, el salón de exposiciones era en donde se presentaban productos innovadores y motivaba el intercambio comercial de grandes y pequeñas empresas.
El periodista Carlos Loarca recordó que en el siglo pasado la feria llegó a ser reconocida en toda Latinoamérica. “Ahora es un festejo del pueblo, convertido en un mercado”, expresó.
“Circo romano”
Branly López, gestor cultural de la asociación Ciudad de La Imaginación, coincidió en que la feria se estancó en el conservadurismo y la nostalgia. “Existe un pensamiento congelado en las autoridades, por lo que en cada año se repiten las mismas actividades”, señaló.
Agregó que todas las promociones de la fiesta están ligadas al consumismo.
“Debería ser un encuentro de diálogo, de reflexión, en donde la cultura sea el motor de cambio. Hay actividades culturales, pero están maquilladas, sin sentido ni personalidad. Es un circo romano”, aseguró López.