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La lamentable historia de Rosemary, la hermana de J.F. Kennedy a quien su padre mandó a lobotomizar

Quizás hayas oído hablar de la llamada 'maldición de los Kennedy', una secuencia trágica de eventos que le sucedió a la que fue una de las más prominentes familias políticas de Estados Unidos a lo largo del siglo XX.

El clan Kennedy, cuando todavía estaba completo: Joseph y Rose con sus hijos Joe Jr (1), Robert (2), Edward (3), John F. (4), Jean (5), Patricia (6), Eunice (7), Rosemary (8) y Kathleen (9). FOTO:GETTY IMAGES

El clan Kennedy, cuando todavía estaba completo: Joseph y Rose con sus hijos Joe Jr (1), Robert (2), Edward (3), John F. (4), Jean (5), Patricia (6), Eunice (7), Rosemary (8) y Kathleen (9). FOTO:GETTY IMAGES

Joseph P. Kennedy era un millonario y político irlandés-estadounidense que había nacido en una familia política de Nueva Inglaterra, y había hecho fortuna en películas, whisky y acero.

En 1914, se casó con Rose Elizabeth Fitzgerald, una princesa muy devota de la aristocracia católica de Boston, y tuvieron nueve hijos, muchos de los cuales tendrían un fin prematuro.

  • El hijo mayor, Joe Jr-1 en la foto-, quien había sido preparado desde su infancia por su padre para la futura presidencia de EE. UU., murió en combate en 1944 mientras servía como piloto durante la Segunda Guerra Mundial.
  • La cuarta hija, Kathleen-9 en la foto-, también murió en un accidente aéreo, mientras volaba con su amante desde Gran Bretaña al sur de Francia en 1948.
  • El segundo hijo, JohnF. -4 en la foto-, quien heredó el manto político de Joe Jr, fue elegido como el 35° presidente de EE. UU. en 1960, y asesinado en Dallas, Texas, en noviembre de 1963.
  • En 1968, el séptimo hijo, Robert ‘Bobby’ -2 en la foto-, recibió un disparo durante su campaña para convertirse en presidente.
  • Apenas un año después, en 1969, el hijo menor, Edward ‘Ted’ -3 en la foto-, tuvo un accidente automovilístico en la isla de Chappaquiddick, en Nueva Inglaterra, que resultó en la muerte de una joven, Mary Jo Kopechne.

Muchos de estos incidentes, y otros, han sido descritos y analizados en innumerables ocasiones desde mediados de siglo pasado.

Sin embargo, menos personas conocen el destino de Rosemary Kennedy (8 en la foto), la tercera y la mayor de las hijas de los Kennedy.

Una llegada difícil

Rosemary Kennedy nació el viernes 13 de septiembre de 1918.

En el momento de su nacimiento, la ciudad de Brookline, Massachusetts, estaba bajo el azote de la epidemia de gripe española de 1918 -que mataría entre 20 y 50 millones de personas en todo el mundo-, por lo que el médico encargado del parto se retrasó con otros pacientes.

Aunque la cabeza del bebé ya estaba emergiendo, la partera le dijo a Rose Kennedy que mantuviera las piernas cerradas y apretadas, para evitar que diera a luz antes de que llegara el doctor.

Según un relato de Luella Hennessey-Donovan, la dedicada niñera y la institutriz de la familia, Rose siguió las instrucciones durante dos horas de agonía.

“Accidente uterino”

A medida que Rosemary creció, se hizo evidente que tenía dificultades de aprendizaje.

Más tarde, los especialistas le dijeron a los Kennedy que su desarrollo se debía a la privación de oxígeno sufrida como resultado de un “accidente uterino”.

Sus discapacidades a menudo estaban ocultas o disfrazadas por su familia para evitar el estigma de estar asociada con “genes defectuosos”.

A pesar de su asistencia a más de una docena de escuelas especiales en Estados Unidos y Reino Unido, Rosemary tuvo problemas de lectura y escritura hasta la edad adulta.

Rosemary en Reino Unido

Al parecer, el período más feliz de la vida de Rosemary transcurrió en Inglaterra, en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, donde la familia se había mudado luego de que el presidente Franklin D. Roosevelt nombrara a su padre como embajador en Reino Unido en 1938.

La belleza y el encanto de la adolescente Rosemary y su hermana menor Kathleen atrajeron la atención de la prensa británica, lo que ayudó mucho al nuevo embajador a “entrar directamente en el círculo de los intereses británicos”, como lo expresó un periódico de la época.

En mayo de 1938, Rosemary y Kathleen fueron presentadas al rey Jorge VI y a la reina Isabel en el Palacio de Buckingham.

Con sus 19 años, Rosemary era considerada exquisita: los periódicos publicaban fotografías de ella en todas sus portadas.

Desmejorada

Cuando Reino Unido declaró la guerra a Alemania en septiembre de 1939, Rose Kennedy y la mayoría de sus hijos regresaron a EE. UU.; sólo Rosemary se quedó con su padre.

Cuando comenzó el bombardeo a Londres, la enviaron a Belmont House, una escuela que usa el método Montessori, que se enfoca en los cinco sentidos para desarrollar el aprendizaje.

Para ese entonces, las fotografías ya mostraban cómo su padre agarraba su brazo con fuerza durante las rondas de apariciones públicas, que a menudo se vieron empañadas por tropiezos y errores.

Aunque su apariencia era la de una mujer adulta, Rosemary parecía mucho menos confiada y, a menudo, infantil.

La escuela ofreció un refugio de la publicidad, y Rosemary lo calificó como “el lugar más maravilloso” en el que había estado.

Después de unas semanas allí, Joseph le escribió entusiasmado a su esposa: “Ella está feliz, se ve mejor que nunca en su vida, no está sola y le encanta recibir cartas de [sus hermanos] diciéndole cuán afortunada es que estar aquí“.

Camino al precipicio

Rosemary estaba prosperando.

Sin embargo, las conocidas simpatías nazis de Joseph combinadas con declaraciones públicas afirmando que Reino Unido no podía ganar la guerra y que la democracia había terminado, hicieron que su retiro como embajador fuera inevitable.

En noviembre de 1940, con Estados Unidos a punto de unirse a los aliados, le ordenaron que dejara su cargo, y regresó a casa con su carrera política en ruinas.

Rosemary lo acompañó y, a partir de ese momento, su vida dio un giro trágico.

Ataques y rabietas

El regreso de Rosemary a EE. UU. fue desastroso.

Alejada del cariño y la atención que la había rodeado en Inglaterra, desmejoró rápidamente. El progreso que había hecho en la Casa Belmont se desvaneció.

Tuvo episodios violentos y rabietas, atacando a quienes la rodeaban, incluso a sus hermanos menores y a los niños a su cargo.

Su familia le tenía cada vez más miedo.

En un incidente, Rosemary atacó repentinamente a Honey Fitz [el apodo de la familia de su abuelo materno], golpeándolo y pateándolo hasta que la detuvieron a la fuerza, según relataron Peter Collier y David Horowitz en The Kennedys: An American Drama.

Indomable

Encerrada en un convento, se volvió desafiante a las restricciones. Las monjas no pudieron controlarla.

“Muchas noches”, recordó la prima de Rosemary, Ann Gargan, “la escuela llamaba a decir que había desaparecido y la encontraban vagando por las calles a las 2 a.m.”.

Pronto se supo que Rosemary se estaba escapando, según un compañero paciente que compartió muchos años del confinamiento posterior de Rosemary, para ir a tabernas y encontrarse con hombres en busca de atención, consuelo y sexo, escribió Elizabeth Koehler-Pentacoff en The Missing Kennedy.

Una trágica decisión

Las hermanas del convento informaron a su padre, quien se horrorizó: no solo Rosemary estaba en riesgo; en su opinión, estaba poniendo en peligro las ambiciones políticas que él tenía para sus hijos.

Joseph Kennedy buscó “soluciones” quirúrgicas y, en noviembre de 1941, sin consultar a su esposa, autorizó a dos cirujanos, Walter Jackson Freeman y James W Watts, a realizarle una lobotomía a su hija.

Rosemary tenía apenas 23 años.

Se creía que la lobotomía, una nueva operación “psicoquirúrgica” que implicaba la separación o eliminación de vías entre los lóbulos del cerebro, era una cura para una gran cantidad de males psicológicos, como el alcoholismo y la “ninfomanía” (el término dado al deseo sexual considerado incontrolable y excesivo).

Catástrofe

En EE. UU., se realizaron hasta cinco mil lobotomías por año durante la década de 1940, la mayoría de ellas en mujeres jóvenes. Freeman fue responsable de casi tres mil de estos procedimientos.

Un artículo publicado en el Saturday Evening Post en mayo de 1941 elogió el trabajo “pionero” de Freeman y ofreció la esperanza de que la cirugía pudiera convertir a los pacientes que eran “un problema para sus familias y una molestia para ellos mismos” en “miembros útiles de la sociedad”.

Tras perforar agujeros en el cráneo de Rosemary, Freeman insertó un cuchillo y comenzó a cortar los lóbulos frontales de su cerebro. Atada a la mesa, ella estaba despierta y aterrorizada durante el procedimiento.

De repente, se quedó en silencio y cayó en la inconsciencia.

La operación había sido un catastrófico fracaso.

Escondida y olvidada

Rosemary quedó sin poder caminar ni hablar.

Incluso después de años de terapia, no podía pronunciar más que unas pocas palabras y nunca recuperó completamente el uso de sus extremidades.

Su autonomía, que ya había sido restringida, desapareció para siempre.

Durante los siguientes 64 años vivió escondida en instituciones, necesitada de atención a tiempo completo.

Soledad

Los médicos le ordenaron a Rosemary Kennedy “no recibir visitas porque podían perturbarla y confundirla“, registra la escritora Elizabeth Koehler-Pentacoff.

Y es posible que su padre también lo haya hecho, con el objetivo de evitar que los rivales políticos alegaran que había “locura” en la familia.

Cualesquiera sean las razones, escribe Koehler-Pentacoff, “Rosemary no recibió visitas durante los años más sombríos de su vida“.

Eventualmente, le dieron una casa de campo privada en los terrenos de Saint Coletta’s, una escuela especial en Wisconsin, donde vivió tranquila, aislada de la prensa y miradas indiscretas.

Un secreto

En la década de 1960, una serie de accidentes cerebrovasculares dejaron a su Joseph Kennedy incapaz de moverse o hablar y su madre sufrió un ataque cerebral en la década de 1980; ambos necesitaron atención constante.

Los hermanos Kennedy que habían sobrevivido -Ted, Eunice, Jean y Patricia- visitaron a Rosemary en sus últimos años, pero durante gran parte de su vida, su existencia fue un secreto.

No obstante, a principios de los años 60, su hermana Eunice escribió un artículo en un diario revelando que Rosemary había nacido con discapacidades intelectuales.

Y en 1968, fundó las Olimpiadas Especiales, que hoy es la organización deportiva más grande del mundo para niños y adultos con discapacidades intelectuales y físicas, aunque declaró que su hermana no fue su inspiración.

Entre tanto, Rosemary vivía olvidada por el mundo, con escasa compañía, excepto la de las devotas monjas que la cuidaban.

De vez en cuando mostraba leves signos de progreso, pero estos se desvanecían nuevamente y durante los últimos años de su vida estuvo acurrucada en una silla de ruedas, irreconocible como la mujer vibrante y hermosa que había deslumbrado a la prensa británica en la década de 1930.

Murió en 2005, a los 86 años.

* Marius Gabriel es escritor de novelas históricas y la historia de los Kennedy figura en “The Ocean Liner, publicada por Lake Union Publishing en 2018.

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