Vida

Las subastas (parte I)

La palabra subasta o subastar tiene su origen en el vocablo latino “subhastare, del subhasta vendere, o vender bajo la lanza, puesto que, la subasta era el botín de guerra, la que se enunciaba mediante una pica hincada en el suelo.

Es probable que la empresa de subastas más antigua, la mayor y la más “conflictiva” sea, Sotheby’s. Esta casa fue fundada por un librero de Londres llamado Samuel Baker, que organizó su primer subasta en el año de 1744. A su muerte en 1778, sus propiedades se dividieron entre su socio George Leigh y su sobrino John Sotheby. El último miembro de la familia vinculado con la empresa falleció en 1861.

Desde sus inicios este próspero negocio no solo se dedicó a los libros, amplió sus actividades a grabados, monedas, medallas, y todo tipo de “antigüedades”. Sólo después de la primer guerra mundial (1914-19) los cuadros y obras de arte se convirtieron en la parte principal de este próspero negocio. Antes de esa época, las subastas más importantes las realizaba Christie’s.

En 1964 Sotheby’s compró a Pake Bernet la mayor casa de subastas de arte de Estados Unidos, sus instalaciones, convirtiéndose Sotheby’s en el actual emporio que maneja a su sabor y antojo el precio del arte mundial. Posee sucursales en New York, Ginebra, y la última en Mónaco, pero en sí tiene sucursales en las principales capitales del mundo.

Hace algunas semanas Sotheby’s tuvo ciertos “contratiempos”, por lo que fue multado por miles de dólares, se le acusó de monopolio. También se le acusa y con justicia de la increíble manipulación en los precios del arte.

La publicidad y el asombro conmovieron al mundo del arte, cuando en el década de los 80, se vendió a un consorcio japonés, una obra del pintor Van Gogh, por la increíble suma de cincuenta y dos millones de dólares, sus actuales dueños no deben de estar totalmente encantados con dicha compra, ya que meses después, surgió la duda sobre la autenticidad de este cuadro. Lo mismo sucedió con una obra de Gauguin.

¿El cuadro más caro del mundo ya se vendió? Probablemente no. Sotheby’s anunció públicamente en el año de 1990, que los “Iris” de Van Gogh estaban de nuevo en venta, éste aún no había terminado de reembolsar el monto de la obra, aun debía 27 millones de dólares, que la misma casa subastadora había prestado al comprador.

Después de este problema Sotheby’s anunció, que jamás volvería a prestar dinero por las obras subastadas. Esto nos hace pensar ¿Cómo se manejan estas ventas y si todo está claro en ellas? La manipulación más evidente se realizó en la sucursal de Mónaco 1986: todas las obras subastadas pertenecían a un riquísimo magnate petrolero, el señor Hussein Pacha, venta que obtuvo un éxito mediático.

Primero la prensa ofreció excelente cobertura, luego el encargado de la subasta hizo muy bien las cosas, por ejemplo reservación de hotel a los futuros compradores, poniendo a su disposición largas limosinas (este servicio se reservó para los clientes “muy importantes”). Como vemos, la organización fue perfecta. Podemos resumir el balance de esta venta en pocas palabras, lo que debía venderse bien, se vendió muy bien. Lo que pudo venderse mal se vendió mucho mejor de lo esperado. En 1988 en esta misma ciudad se realizó la gran venta del año, los precios esperados y obtenidos sobrepasaron todos las seis cifras.

Lo que los profesionales califican, piezas de “gran decoración”, significa que su antigüedad no está de acuerdo con su precio y que son de dudoso gustos y de dudosa antigüedad, aunque a un experto difícilmente se le engaña tan fácilmente.

La pieza subastada era un tapiz con motivos chinos realizada en Europa, también los expertos llaman a estas piezas lo que nosotros decimos comúnmente que, “por la pluma se conoce al pájaro”. Hablando de plumíferos, debemos citar que en esta misma venta se subastó a un par de cisnes en porcelana de Saxe, montada en bronce dorado del siglo XIX, pieza que se sobrevaloró para satisfacción de su propietario, y se ganó más del 50% de lo que había pagado.

En estas subastas el público queda estupefacto al ver con la facilidad que los precios suben, pero el mensaje es claro, aún queda mucha capacidad de absorción. Puesto que hay público muy pudiente y poco exigente. Es obvio que se acepta la desmentida especulación que, finalmente no hace ningún bien ni al artista, ni al público, y sobre todo al arte.

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