Es un registro biológico permanentemente actualizado del estado y salud del organismo.
Una gota de sangre puede brindar un mar de información sobre la salud del organismo humano. El análisis del líquido rojo que lleva distintas células y componentes con diversas funciones por todo el cuerpo, ya forma parte de los chequeos generales y figura entre las principales pruebas de diagnóstico destinadas a conocer el estado de salud de una persona.
La sangre es una mezcla de líquido, células y partículas parecidas a éstas, que circula por las arterias, capilares y venas. En su permanente recorrido por el cuerpo humano, impulsada por el corazón, suministra oxígeno y nutrientes esenciales a los tejidos y órganos, y retira el anhídrido carbónico y otros productos que desecha el organismo. Durante ese viaje también se enriquece con minerales, azúcares, gases, proteínas, hormonas y con otras sustancias íntimamente ligadas con las funciones orgánicas.
Principio y fin
Los niveles anormalmente elevados o bajos de las sustancias sanguíneas proporcionan una serie de indicios sobre algunas enfermedades, incluso cuando sus síntomas, como por ejemplo un dolor de cabeza o náuseas, aún no se han manifestado.
En un análisis sanguíneo convencional se toma una muestra de sangre del paciente y en ella se estudian una serie de sustancias químicas que brindan información sobre la diabetes, los problemas de las glándulas tiroides o paratiroidea y los trastornos de los riñones o el hígado, así como las deficiencias nutricionales y los factores de riesgo de desórdenes cardiacos.
Para algunos análisis se extraen unas gotas de sangre de un dedo, para otros una mayor cantidad de una vena mediante una jeringa. Después, las muestras se analizan a través del microscopio, o por medio de procedimientos químicos.
Sustancias delatoras
Entre las sustancias químicas, algunas más reveladoras que otras, analizadas en las pruebas convencionales de sangre figuran el ácido úrico, el cloruro, el sodio, el nitrógeno de la urea sanguínea, la creatinina y el potasio, así como los niveles de dióxido de carbono, calcio, fósforo, albúmina y globulina.
En los análisis de sangre habituales también se estudian desde el total de proteínas, la bilirrubina, la glucosa, el colesterol total, los triglicéridos y el total de hierro hasta los niveles de las distintas hormonas humanas como la que estimula la glándula tiroides.
Aunque quizá no todas las pruebas sean imprescindibles: los expertos médicos de algunas asociaciones de consumidores, creen que algunos capítulos de los análisis brindan poca información útil y se mantienen porque se efectúan desde hace tiempo y se han vuelto tradicionales, o para elevar el costo de los análisis.
Entre los apartados comprobadamente útiles de una prueba sanguínea figuran los que brindan información sobre el hígado. Los niveles anormalmente altos de dos sustancias químicas (la aminotransferasa aspartato y la aminotransferasa alanina), indican un posible trastorno hepático, como la hepatitis.
Un alto nivel de calcio en la sangre puede significar que existe una posible sobreactividad de la glándula paratiroidea o un cáncer, mientras que una concentración anormalmente elevada de ácido úrico puede indicar la presencia de gota.
Cuando los niveles de las grasas sanguíneas como el colesterol y los triglicéridos se sitúan por encima del rango de referencia esto puede ser un indicador de un aumento en el riesgo de sufrir un trastorno cardiaco.
El análisis de la proporción en la sangre de creatinina y urea refleja el estado de los riñones, en tanto que la medición de la hormona de estimulación tiroidea indica si la glándula tiroide esta funcionando correctamente o no. Además, el total de proteínas en la sangre es un indicador de las carencias, composición o excesos en la nutrición de la persona, igual que los niveles de albúmina y de globulina.
La sangre integra, junto con la médula ósea y el sistema linfático, una vital red de transporte y de defensa que tiene por objeto abastecer los tejidos humanos con oxígeno y nutrientes para protegerlos de las infecciones.
La médula ósea produce nuevos glóbulos de forma constante, para sustituir a los viejos que se van destruyendo en el bazo.
Estos nuevos se integran en la corriente sanguínea y circulan por toda la anatomía humana.
Los glóbulos rojos se encargan de transportar el oxígeno a todas las células del organismo, y las plaquetas facilitan la coagulación de la sangre.
Los glóbulos blancos se producen tanto en la médula ósea como en las glándulas linfáticas, y circulan por todo el cuerpo a través de la corriente sanguínea, por las glándulas y tejidos linfáticos, para combatir las infecciones.
Además de ayudar a diagnosticar numerosas dolencias y trastornos presentes en los niños, niñas, adolescentes y adultos, los análisis de sangre -tanto de una embarazada como de su feto- también pueden contribuir a detectar las posibles anomalías genéticas y trastornos de salud en los recién nacidos.