La buena noticiaLa misericordia

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En la historia de la cultura, no digamos nada en la historia de la espiritualidad y de la teología cristianas, el capítulo 15 del Evangelio de san Lucas es pieza vertebral. Contiene tres parábolas. Dos de ellas, la parábola de la oveja perdida y la del ?hijo pródigo? son relatos en los que incontables personas han encontrado la motivación para realizar esos actos generosos, humanos y fecundos que crean futuro.

Una pieza literaria es profunda, cuando nos obliga a pensar y nos motiva a actuar de manera que quedamos enriquecidos en humanidad. Si además la obra es palabra de Dios, su lectura nos introduce a los atrios de la fe. Estas parábolas nos confrontan con las cuestiones fundamentales acerca del perdón, de la reconciliación, de la gratuidad y de la posibilidad de ir más allá, no sólo de la venganza, sino incluso de la justicia.

De las tres parábolas, la del ?hijo pródigo? destaca por su trama singular, por su simplicidad narrativa. Y sin embargo allí se nos habla acerca de la libertad y de la obediencia, de la alegría y de la envidia, del pecado y de la conversión, de la justicia y de la misericordia. A la parábola se le dio un nombre equivocado. El protagonista no es el hijo pródigo o derrochador. El protagonista es el padre misericordioso.

El padre acoge al hijo extraviado, que regresa a casa arrepentido. Su actitud muestra que la justicia no es la última palabra en el proceso de restauración de la amistad ultrajada y de relaciones humanas violentadas. La justicia es necesaria y fundamental como punto de partida para el orden social. Significa la censura a la arbitrariedad y a la fuerza como base de la convivencia.

La justicia es la forma como la sociedad se recompone de la afrenta que ha recibido a través del crimen perpetrado en contra de sus miembros, obligando al responsable a un acto de expiación. Pero la justicia no es suficiente. La justicia nos deja apenas con las heridas cicatrizadas y sensibles, porque no se restablece la situación anterior al delito.

Para que el futuro sea posible es necesario el acto creador que surge de la misericordia y del perdón. El hijo extraviado pensaba que sólo podía aspirar a ser sirviente en la casa de su padre. Esa era la justicia. El perdón del padre lo restituyó a la condición de hijo. Esa fue la obra de la misericordia.

La misericordia y el perdón de Dios ofrecidos de antemano nos permiten creer que es posible la conversión. De hecho por eso muchos se arrepienten de sus extravíos y comienzan una vida nueva. Pero ese perdón que viene de Dios, debe hacerse efectivo también en el ámbito de las relaciones humanas. Sólo el perdón es capaz de poner cima al trabajo de la justicia.

Sólo la misericordia puede crear futuro, cuando da por suficientes, aunque sean mínimos, el arrepentimiento y la expiación ofrecidos por el culpable.

ESCRITO POR:

Mario Alberto Molina

Arzobispo emérito de Los Altos. Reside en Quetzaltenango. Fue también obispo de Quiché. Es doctor en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico. Ha sido docente en diversos centros teológicos en Guatemala y decano de la facultad de teología de la Universidad Rafael Landívar.

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