Sin tapujosSinceramente lo lamento
Igual que millones de personas alrededor del mundo, quedé impactado al observar las dantescas escenas que se produjeron en los Estados Unidos, como producto del artero, irracional y cobarde ataque terrorista, cuyas consecuencias, sin lugar a dudas, podrían poner en peligro la paz mundial.
Digo esto porque será poco probable que el Gobierno estadounidense quede sin responder, con el máximo uso de fuerza a este atentado, cuyos primeros indicios apuntan hacia la responsabilidad de fundamentalistas islámicos.
Paradójicamente, gracias al avance de las telecomunicaciones, pudimos observar ataques perfectamente coordinados, utilizando aeronaves con más de 250 personas a bordo, convertidas en gigantescas bombas, que fueron desviadas hacia objetivos civiles y militares seleccionados meticulosamente para causar el mayor terror posible.
En el ínterin, han quedado destruidas las torres gemelas, igual que el prestigio de la CIA y el FBI, que evidenciaron su incapacidad de contar con mecanismos que les permitan poseer información de este tipo de grupos terroristas.
Por de pronto, el mundo en general deberá unir esfuerzos para hacerle frente común al terrorismo internacional si se desea la paz mundial, pues es imposible que actos de esta envergadura puedan quedar impunes y esto sea un aliciente para que se repitan.
Ha quedado demostrado que la demencia ocasionada por el odio fundamentalista puede ocasionar no sólo daños materiales incalculables, sino también de causar miles de muertos entre población civil indefensa.
Mi hijo mayor, de 11 años de edad, me inquirió mientras observábamos las escenas en los canales de televisión norteamericanos, sobre las razones que podrían haber tenido esos supuestos seres humanos para planificar este asesinato colectivo.
Lamento decirles que me fue imposible proporcionarle una respuesta coherente. Puede que no haya podido responder porque no comprendo a quienes han llegado a tener tanto odio, como para hacer lo que hicieron; tal vez, haya sido el horror de saber que no importa ser ciudadano del país más poderoso del mundo, que igualmente se está en las manos del terror; quizá, haya sido por el dolor que se siente al tener que reconocer la realidad de la bajeza de sentimientos de que somos capaces los seres humanos.
Lo que sí temo, y me produce miedo, es pensar en el pérfido mundo en el que mis hijos tendrán que vivir, temerosos de quienes empuñan las armas y asesinan con tal de alcanzar sus particulares fines.
Dios se apiade de la raza, que desde ayer quedó menos humana que antes, y maldiga por siempre a quienes produjeron tanta angustia y dolor a víctimas inocentes de odios y rencores ancestrales absurdos.