ColaboraciónTiempos de guerra

JORGE RAMOS AVALOS

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Guerra y fútbol. Bombardeos y llamados a la normalidad. Con estas contradicciones está viviendo Estados Unidos. Es una verdadera esquizofrenia. El alcalde de esta ciudad, Rudolph Guiliani, le pidió a los neoyorquinos (a pocas horas de los bombardeos contra Afganistán) que ?no se encerraran en sus casas?. ?Salgan?, insistió Giuliani, ?sean valientes?.

Esta es la primera vez que escucho en Estados Unidos que hechos muy sencillos como ir al mercado o al cine, llevar los niños a la escuela y manejar al trabajo, son considerados actos de valentía.

¿A quién le hacemos caso? se preguntan los norteamericanos. ¿Al presidente, George W. Bush, que incita a los ciudadanos a volar para que no se vayan a la bancarrota las aerolíneas o al procurador general, John Ashcroft, que advierte sobre la franca posibilidad de nuevos ataques terroristas dentro de Estados Unidos? ¿A quién?

El domingo de los ataques mostró claramente lo que es vivir en tiempos de guerra aquí en Estados Unidos. La televisión en español partió la pantalla para poner el partido de fútbol entre México y Costa Rica por un lado y las bombas cayendo en Kabul y Kandahar por el otro. La televisión en inglés, más purista, no pudo lidiar con los grises; algunas cadenas transmitieron la guerra bomba por bomba mientras que otras prefirieron mostrar la batalla campal entre los Gigantes de Nueva York y los Pieles Rojas de Washington. Después de todo el fútbol americano es una guerra de Vietnam contenida en 100 yardas.

El mismo día en que Bush ordenó a los aviones bombarderos B-2 cruzar la mitad del mundo desde sus bases militares en Missouri, Barry Bonds, de los Gigantes de San Francisco, conectaba su cuadrangular número 73 de la temporada para reescribir los libros de historia. Cada quien lucha como puede; unos con aviones bombarderos con un valor de dos mil millones de dólares cada uno, otros con bates de beisbol.

Esta es la nueva normalidad en Estados Unidos. Bombas y bates. El siglo 21 comenzó realmente el 11 de septiembre del 2001. Esa es la fecha definitoria. Y en pocos lugares se sienten más los contrastes que aquí en Nueva York.

En esta ciudad hay una nueva fobia; el temor a entrar a edificios muy altos. Habrá que buscarle nombre. Así es la vida, pensé. Compleja.

Contradictoria. Es como el cuadro de Monet; si lo vemos muy de cerca sólo podemos apreciar unos brochazos de color y pedazos sin dirección. Hay que alejarse para que tenga sentido. En estos tiempos de guerra también hay que distanciarse un poquito para tratar de entender lo que ocurre. Así estamos viviendo; entre la guerra y el fútbol.

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