ContrastesSigue el Día Internacional
Todavia no me explico cómo pude cometer el error de escribir el pasado domingo en mi columna que ?hoy, primer día de octubre, se celebra el Día del Niño?, cuando, más bien, la fecha correcta era 30 de septiembre.
Podría achacar el ?lapsus? a quebrantos de la columna, que quedan aceptados, y a un despiste mayúsculo en lo que a respetar el calendario de nuestros mayores concierne.
De todos modos, si me adelanté un día, regalaré dos más a tan especial celebración porque ellos, los niños, merecen toda nuestra atención. La han pedido. Quiere ello decir que se sienten desprotegidos y necesitados. Exigen que sean respetados sus derechos, luego parece que no son tomados en cuenta. Y no se andan por las ramas al señalar las deficiencias del complejo que les hemos prefabricado.
Se lamentan del ruido de las camionetas y de la basura circundante. Yo añadiría la trepidación de los escapes de las motos de los niños bien -no tan niños- cuando salen a pasear, y presumir, por calles y avenidas residenciales.
Y, si en algo puedo ayudarles, les aconsejaría cuidarse del alto voltaje musical en sus reuniones y fiestas. No quisiera que la sordera empañara, o mutilara, su florida juventud.
Doy cien puntos a su reclamo de que no puede ser que la gente muera de hambre en Guatemala cuya tierra -dejémonos de populismos politiqueros- es fecunda y generosa. Sin embargo, ahí está la triste posibilidad hecha realidad sangrante, y el señalamiento por mentes infantiles y la exigencia de las mismas a que se vaya instalando un ordenamiento social más precavido y distributivo.
Otros cien puntos a su queja de que el sistema educativo es obsoleto y necesitado de un cambio radical. Nadie mejor que ellos lo saben, y lo padecen. Lo malo es que las autoridades competentes, que también lo saben y lo sufrieron en su día, se hacen de la vista gorda y lo van pasando de mano en mano, acuerpadas por el sentimiento de que se trata de una ingente labor que supera sus capacidades.
No cien sino mil puntos merece su señalamiento de corrupción en el Gobierno. Qué tristeza da constatar que también a ellos llega el conocimiento de tan detestable lacra, y no sé qué pensarán de una democracia, que también a ellos llamará a participar, impotente para establecer los mecanismos que pongan fin a tanto desmadre y a tan exagerada burla de la ciudadanía. Suma y sigue.
Leí en el párrafo de las ?voces juveniles? publicadas en Siglo XXI el pasado domingo, de donde partieron estas mis consideraciones, que la ilusión de tres estudiantes de Básico mira a tres profesiones universitarias.
Mantengan firme su ilusión, les diría, no tomen en serio la broma de poder saltar a un viceministerio de Finanzas desde un taller mecánico. Y no es chiste de gallegos, ni de argentinos.