AtisbosDrama en el agro guatemalteco

ERNESTO FINGADO

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Centenares de miles de guatemaltecos dedicados a la agricultura padecen hoy día la más espantosa crisis de su historia. Deambulan en grupo por regiones en toda Guatemala, demandando un pedazo de tierra dónde sembrar y sobrevivir, al estado de casi hambruna que sufren a causa de la corrupción político-administrativa de un sistema excluyente, denigrante y asesino gestado cientos de años atrás.

Los agrocultivadores y exportadores hacen verdaderos milagros por sostener cultivos como el café, el que apenas sirve para medio pasar el momento- por cuanto, al decir de cientos de caficultores, es preferible dejar que se caiga el grano, lo recojan colonos o trabajadores ocasionales para despulparlo, secarlo y venderlo o procesarlo en molinos, que contratar trabajadores para levantarlo y procesarlo para su venta en virtud de que se pagan en la actualidad Ql20 por quintal en pergamino, precio que no compensa ninguna inversión, aunque tengan que otorgar a cada rato millones en dólares en fideicomisos.

Recientemente, la oficina del obispado de San Marcos dio a conocer una denuncia sobre ll0,000 campesinos en 350 fincas de la región que están sin trabajo y sin esperanza de conseguirlo, debiendo utilizar contratos en fincas de la región de Chiapas, México, para paliar la situación. Esta situación es alarmante, por cuanto ni en ese estado mexicano los están aceptando, debido a que los finqueros de allí también están en una situación aflictiva en cuanto a la baja del precio del café y otros productos generadores de riqueza y empleo.

Los millones de guatemaltecos que padecen pobreza extrema en un 80% de la población total del país, están tan desesperados que abrazan cualquier promesa política, social o de otra índole con tal de encontrar un pedazo de pan diario que les alcance a paliar su hambruna y la de su familia.

Los niños de corta edad- cinco años en adelante- utilizan el mecapal, machete, azadón, anzuelo y cualquier otro objeto para ayudar al grupo familiar en algo para comer cuando menos una vez al día.

Los del altiplano y la costa venden sus gallinas, huevos, carne de animales, pescado, frutas y yerbas para poder subsistir por algún tiempo. Para ellos no hay futuro planificado, no se les puede hablar de Feliz Navidad y Año Nuevo, no se les puede decir haraganes ni acusar de rebeldes ni futuros guerrilleros, porque sus únicas armas siguen siendo sus aperos de labranza tradicionales, su iniciativa, su lucha a muerte por la vida.

Todos estos millones de guatemaltecos están ahora en el punto máximo de su desgracia, sin abrigo ni esperanza alguna que los grupos de presión, administración pública y privada unan esfuerzos para volcarlos en los incentivos y defensa de la producción, dentro de la diversidad.

Están siendo orillados a la actividad delincuencial, al irrespeto a la propiedad privada o pública, a la institucionalidad. Nadie quiere obedecer la ley, porque ella se olvidó de ellos.

Nadie quiere cooperar porque se sienten traicionados y de hecho lo están, ante el abandono miserable en que los mantienen, ante la manipulación de seudodirigentes, que reciben enormes cantidades de dólares de instituciones y activistas extranjeros para lucrar con la desgracia de Los Miserables, no de Víctor Hugo sino de Miguel Angel Asturias, Los Hombres de Maíz, de barro puro maya, que ahora sólo su valentía y religiosidad les permite mantenerse dentro de una actitud de resistencia pacífica pero, que ya comenzaron a sonar sus tambores de rebeldía llamando a la unidad total en busca de una salida pacífica a sus problemas, pero no por ello siguen estando en pie de lucha atizando el fuego de las medidas de hecho, porque nadie les resuelve nada.! sólo pajas!, para ganar tiempo y volverlos a utilizar en campañas de rapiña política, saturando el ambiente de cancioncitas, promesas y compra de voluntades, para seguir los mismos en la gran piñata de la corrupción y explotación.

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