Xokomil¿Qué diálogo?
Casi desde el inicio de la actual administración, se ha venido hablando de un ?diálogo? nacional que le permita a esta sociedad tan compleja llegar a consensos mínimos para enfilar hacia el futuro.
Creo que dentro de la sociedad civil, entendido este concepto en su sentido más amplio, existe mucha voluntad para sentarse a hablar y componer, sino el mundo, al menos el país. Ese compromiso por analizar la situación de Guatemala para encontrarle salidas más allá de las pasiones e intereses de cada cual, se vivió ya en el ejercicio del Pacto Fiscal.
Está demostrado entonces que los guatemaltecos sí estamos convencidos de la necesidad de trabajar juntos para hacer viable a este país, pues al paso que vamos, nos estamos condenando a emigrar.
Ahora bien, ¿sirve de algo dialogar con las actuales autoridades? Talvez peque de pesimista, pero yo no le veo ni al general Efraín Ríos Montt ni a Francisco Reyes López ni a Alfonso Portillo, vocación para dirigir una mesa redonda al estilo de Camelot.
El funcionario de gobierno que más ha insistido en el diálogo es el titular de la Secretaría de Análisis Estratégico, Edgar Gutiérrez, quien cada vez se encuentra más alejado de los verdaderos círculos de poder y la toma de decisiones en este gobierno.
Por desgracia, sin interlocutores válidos, cualquier ?diálogo? se reduce a puro blá, blá, blá. Una activista de la Gran Campaña por la Educación se lo comentaba recientemente a una compañera periodista. Uno puede invertir largas horas en convencer a un diputado o a un ministro de las bondades de ciertas políticas, pero si el general Ríos Montt o su hija Zury no le dan la bendición al proyecto, es igual que nada.
Por eso es que los llamados de Gutiérrez no encuentran mucho eco. Ninguno de sus jefes parece realmente interesado en ayudarlo. Para comenzar, el presidente Portillo hizo el anuncio como quien no quiere la cosa o le da poca importancia. La mejor prueba de que el diálogo no es una prioridad para la administración es que el mandatario excluyó al vicepresidente y éste no dijo una palabra para protestar.
Lo único que hizo fue decir que le deseaba suerte a la sociedad civil, si querían hablar con el ?super colocho?. Dado ese desprecio manifiesto, juzguen ustedes cuán seriamente puede tomar Reyes López este esfuerzo y a quien lo dirige desde el campo del Estado.
Luego, el general Ríos Montt dijo, contradiciendo al presidente, que los acuerdos no serían vinculantes. Es decir, que las organizaciones sociales pueden pasar semanas y meses discutiendo con representantes gubernamentales, mandar a hacer un libro de oro con sus recomendaciones, y esperar que se pudra en algún archivo del Congreso o se lo coman los ratones.
Y como colofón, el gobierno ya dio muestras de querer pasar un nuevo paquetazo y en dólares además, muchas gracias. Así que, no importa lo que se hable, ellos seguirán haciendo lo que mejor les parezca.
Yo creo que con lo dura que está la crisis, difícilmente alguien tenga tiempo para ir a perderlo en tertulias que quizá sean muy interesantes como ejercicio democrático, pero que al fin de cuentas, no van a concluir en acciones concretas.
Para los verdaderos estrategas del gobierno eferregista, el diálogo es una forma de mantener entretenida a la sociedad: algo así como poner al ratón en la rueda a correr detrás de la zanahoria.
Es una forma también de lavarse la cara ante la comunidad internacional, que de cualquier manera ya les ha dado su bendición.
Yo quisiera que el gobierno comprendiera la utilidad de emprender un diálogo serio, pero lo dudo mucho. Los eferregistas están demasiado ensoberbecidos con el poder. Su actitud ante la corrupción los delata: realmente no les importa qué piensen de ellos.
¿Qué pueden hacer entonces instancias como el Foro Guatemala? Mi opinión es que la iniciativa es valiosa, para comenzar porque son un punto de encuentro para personajes de los sectores más diversos, uno de los contadísimos espacios donde esta sociedad deja sus guetos y converge.
En lo inmediato, sería muy importante que hicieran sentir su demanda de transparencia y su fuerza fiscalizadora, de cara a los cambios institucionales del año entrante. A mediano y largo plazo, creo que podrían convertirse en una instancia de aprendizaje político y de formación de conciencia cívica para el resto del país.
Qué más quisiera yo que algunas de las cabezas brillantes que conforman ese foro pudieran guiar a nuestros descocados gobernantes. Pero la gran tragedia aquí es que están decididos a no dejarse ayudar.