AtisbosCrecimiento desordenado

ERNESTO FINGADO

|

Los procesos inmigratorios que se vienen estimulando desde muchas décadas atrás y patrocinados en el presente, amenazan seriamente el futuro desarrollo integral de los grandes polos de desarrollo en regiones del interior del país, sin que hasta la fecha los entes encargados de supervisar, planificar y controlarlos, apliquen con rigor las leyes preestablecidas en los famosos documentos legales conocidos como Ley de urbanismo y parcelamientos, o reguladores del crecimiento urbano y rural.

No estoy refiriéndome sólo a los Consejos de Desarrollo Urbano y Rural, ni mucho menos a las autorizaciones legales de parcelamientos o colonias residenciales, sino a todo un proceso irregular corrupto puesto en marcha desde 1962, cuando comenzaron a comprarse grandes extensiones de terrenos aledaños a la capital, Escuintla, Quetzaltenango, Sacatepéquez, Oriente, norte y pueblos fronterizos con México, El Salvador y Honduras, donde treinta años después la cosecha ha sido abundante, amasando grandes fortunas grupos sociales de inversionistas que se aprovecharon de los recursos municipales.

La capital guatemalteca, por ejemplo, sigue estando ahorcada por un cinturón de inmigrantes del interior del país, que han hecho de los barrancos y áreas protegidas su segundo hogar, porque en muchas regiones del interior tienen familiares y su verdadera residencia.

Ellos, los inmigrantes que en tiempo llegaron o los trajeron con engaños, siguen siendo víctimas de explotadores y extorsionistas, quienes los utilizan con cédulas falsas y documentos ídem para jornadas de protestas, organización de bandas delincuenciales y terrorismo social.

Ah, pero también para cosas buenas como mano de obra barata y servicios domésticos, en un buen porcentaje, pero en cambio otros -que son muchos- deambulan por las calles vendiendo chicles, tarjetitas en los buses, artículos y baratijas en pasillos de pasarelas, comidas baratas contaminadas en aceras, esquinas y avenidas del centro de la ciudad (pase por la esquina de la l3 calles y sexta avenida de la zona 1).

Esta práctica ha crecido enormemente en poblaciones como Escuintla, Antigua, Panajachel, Quetzaltenango, San Pero Sacatepéquez, Mazatenango, Coatepeque, Chiquimula, Puerto Barrios, Barberena, etcétera. Resulta en los actuales momentos incontrolable el impacto ambiental de esta población que en un principio fue calificada como flotante, ahora es residente y no quiere abandonar su actual estado de vida, porque si regresa a su lugar de origen o país vecino -caso de salvadoreños, hondureños, chinos, caribeños, mexicanos y suramericanos- no encuentran facilidades de trabajo y de inversión productiva.

Para citar un buen ejemplo de este desajuste social que avanza aceleradamente como si fuera tecnología de punta, le invito a viajar a la ciudad de Quetzaltenango, a sólo 218 kilómetros de la capital de Guatemala, enclavada en el altiplano, donde usted verá como durante todo el día miles de carros circulan por las estrechas calles del centro histórico, donde sólo queda el nombre, ya que uno de los más preciosos edificios antiguos, como el Pasaje Enríquez, ya fue ocupado por turistas europeos y estadounidenses, donde viven, lo utilizan como mercado y negocio de comunicaciones, sin que la autoridad les diga nada, sabiendo de antemano que son turistas y no residente.

¡Increíble, pero cierto!, jóvenes indígenas empujados a integrar bandas de viciosos, alcohólicos consuetudinarios y haraganes permanentes crecen rápidamente, y aunque funcionan instituciones integracionistas y de defensa no es suficiente esta tarea, ante el impacto devastador de la influencia de la radio y la televisión extranjera que ha asentado sus reales en nuestra comunidad.

Atisbo que, si este tema es tomado con absoluta seriedad que lleva implícita varias denuncias sociales sobre problemas agudos que todos debemos enfrentar, combatir y erradicar, habremos dado un paso gigantesco en la protección de nuestro futuro y las nuevas generaciones podrán recordarnos como verdaderos patriotas que sin importarnos el costo político, económico, profesional y personal, supimos corregir el rumbo de los crecimientos desordenados que corruptos administradores públicos y algunos privados quisieron eternizar.

ESCRITO POR:

'; $xhtml .= '