ConcienciaLo que nuestros niños aprenden en clase

|

Enseñar valores a los niños en las escuelas es importante; sin embargo, difícilmente los aprenderán si sus padres, maestros y autoridades públicas no los practican.

La mayoría de los maestros son servidores públicos, pero no todos cumplen sus obligaciones. Empezando con la asistencia a la escuela.

Cuando uno visita el interior del país, más de una vez se encuentran escuelas cuyos maestros asisten los martes y se ausentan los jueves.

De los 180 días regulares del ciclo escolar, posiblemente no se imparten clases ni 100. Difícilmente se inician las clases con puntualidad y a veces las jornadas son más cortas de lo estipulado. Hay escuelas donde los niños apenas reciben dos o tres horas de clase diarias. De ahí que la calidad y la cantidad de conocimientos de un niño sean tan mediocres.

Tampoco se predica la austeridad. En vez de enseñarle a los niños a celebrar las fiestas con moderación, muchas veces se utiliza toda la semana para el festín y se recauda dinero para invertirlo en adornos superfluos que posiblemente no tengan mucho sentido para las comunidades. Se premia la pompa, en vez del concepto y el significado de la celebración.

El sistema de supervisión del Ministerio es poco efectivo y la remuneración a los maestros y maestras no guardan relación con la calidad de educación que imparten. Por lo tanto, se premia la ley del mínimo esfuerzo.

La mayoría de las autoridades sólo se concentra en lo que se le enseña a los niños y no lo que ellos aprenden. Actualmente se está educando una gran cantidad de niños fracasados y sin autoestima. Una tercera parte de los niños repite el primer año y menos de la mitad logra terminar el sexto año. Además, muchos de los que se gradúan cometen faltas de ortografía, tienen pésima letra, no comprenden lo que leen y ni siquiera pueden calcular un porcentaje.

Los libros de texto son escasos, los cuadernos no alcanzan y la refacción apenas llega los últimos meses. La construcción de las escuelas lleva más del triple del tiempo estimado y lo más probable es su costo resulte altísimo en relación con lo que hubiera costado si la comunidad la hubiera construido. Desde muy pronto los niños aprenden a no cumplir sus promesas.

Por fin, algunos llegan a la secundaria. ¿Qué están aprendiendo nuestros jóvenes? Se oye de todo, desde maestros que venden las preguntas antes del examen, hasta la solicitud de sobornos para conceder los 60 puntos. También el Movimiento de Alfabetización cultivó malas costumbres. Se hicieron concesiones a algunas escuelas para que no alfabetizaran, sin conocer claramente las reglas.

Luego el Ministerio no se dio abasto con la supervisión y en varias oportunidades se les solicitó a los estudiantes llenar las fichas de sus alfabetizados sin control alguno. ¿Cuántos inventos no hubo? También surgió un mercado de analfabetas, que solicitaban a los jóvenes compensaciones económicas a cambio de ser alfabetizados.

Estamos deformando a nuestros niños. La educación más importante empieza en casa, se refuerza en la comunidad y debiera complementarse en la escuela. La participación de los padres de familia es fundamental. Ellos debieran ser los tomadores de decisiones sobre el futuro de sus hijos. Si no se descentraliza el sistema, de nada servirán todas las reformas educativas que se planteen.

Un sistema con el involucramiento de la comunidad, buena supervisión y orientación del Ministerio de Educación podría hacer la diferencia. Así se fomenta la participación, la responsabilidad la autoestima, la democracia, la competencia, la transparencia y la excelencia. ¿Qué estamos esperando?.

ESCRITO POR:

María del Carmen Aceña

Ingeniera en Sistemas, con maestría en Administración de Empresas de INCAE. Vicepresidente del Centro de Investigaciones Económicas (Cien). Exministra de Educación. Amante de la vida y de Guatemala

'; $xhtml .= '