No se trataba de escandalizar porque sí, fue un movimiento concertado.
El dadaísmo nació durante la guerra de 1914-18 y esta estética fue una propuesta desesperada en contra de la locura de la guerra. Eran los artistas los pacíficos, Max Ernst, Arp, Schwitters, Picabia, Duchamp, los que luchaban a su manera en contra de la aberración colectiva.
Si reflexionamos y nos preguntamos ¿Dónde estaba la locura? ¿En Verdum o en el Cabaret Volteaire de Zurich? (cuna del dadaísmo). ¿Quién era el más loco: Max Ernst, que exponía una escultura en madera, a su lado una hacha, para que el público la pudiera destruir, o el ingeniero que inventó un cañón llamado la Gran Berta?
A la monstruosidad de una Europa en fuego y odio, bañada en sangre, los dadaístas lanzaron un ?contra locura?. Ellos negaron todo: el arte, la vida, las patrias.
Se burlaron del torrente de la maquinaria, creando máquinas inútiles. Invitaban a conferencias y un público obedientemente asistía, para ser injuriado.
Desde su punto de vista tenían razón; ¿para qué sirve la cultura, el arte, la educación, si una guerra monstruosa podía desencadenarse?
Hipocresía de la ciencia, hipocresía del arte, hipocresía colectiva. Los dadaístas condenarán las bases de una sociedad y lo hicieron con locura nihilista.
El lenguaje mismo lo desintegran, con un humor sarcástico, un humor tan destructor que los salvó del romanticismo. Y aún no se había ?creado? la bomba atómica. Fue en la Segunda Guerra (1939-45) donde fue estrenada esta aberración del hombre. Pero estamos viviendo otra guerra, en los medios de comunicación, nos aseguran ?que esta guerra será diferente?, ¿en qué? Habrá muertos, miles de muertos. ¿Habrá un vencedor y un vencido?
El artista encontrará una nueva catarsis, probablemente surgirán nuevos símbolos y obviamente nuevos conceptos, pero estoy segura de que surgirá una respuesta estética a las imágenes apocalípticas que vemos a diario. El arte probablemente será enfocado con mayor seriedad, lo que le permitirá mayor intensidad frente al dolor y la violencia.