La Grecia homérica rinde el culto a los héroes muertos de la religión micénica y los relatos se basan en las relaciones de hombre-dioses.
Los héroes griegos hacen de su vida un camino de perfección. El primer relato caballeresco está escrito todavía en latín. Las ?historias reales? narran las hazañas de los reyes históricos, sus acciones públicas, sus guerras y sus venganzas.
El epos homérico se transforma en las epopeyas francesas del Medioevo tardío o en la alta Edad Media de la novela en prosa. Posteriormente los románticos hacen reales de la sociedad y de sus costumbres.
Se escribe con la finalidad didáctica durante la Ilustración alemana, con el lema que lo verdadero, lo bello y lo bueno no puedan existir lo uno sin lo otro. Basta citar a Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) y sus obras ?Wilhelm Meister? o ?Las afinidades electivas?. En cuanto a Friedrich Schiller, el segundo poeta más grande de Alemania, (1759-1805) su obra marca la misma tendencia con ?Wilhelm Tell?, ?La doncella de Orleans?, ?Wallenestein? y ?María Estuardo?.
El poeta busca la armonía con la vida por la vía de una comunión con la naturaleza y expone la lucha del hombre idealista en su conflicto con la realidad quien afirma sus ideales a través de su libertad interior.
Durante la época posterior del ?realismo? la sociedad produce en su literatura hombres como la naturaleza produce animales o especies zoológicas. Luego a los escritores insisten en que la materia tiene sus normas y el hombre está sometido a ellas como la piedra o la herencia animal. Las pasiones tienen su fisología y se indaga ?el escritor-médico? por su cómo y se renuncia a su por qué. La nivelación plebeya conduce a la democracia donde la realidad tiene sus leyes y se supone que el arte carece de fines.
El escritor debe renunciar a imaginar, a sentir y a preferir. Se convierte en ?observador?, psicoanalizador de sus personajes y convierte con el tiempo moderno su arte en la literatura comprometida, que defiende los intereses extraliterarios de la sociedad. La novela se vuelve arte de masas, refleja la realidad económica del mundo frente a lo aristocrático de la música, la poesía y la escultura. Surge la ?novela rosa? para la televisión y para las criadas desocupadas en ciertas horas.
Y alguna que otra novela que se ocupa de la existencia de Dios revelado por el catolicismo español de su tiempo, logra lugar en la novelística de una autora como la Pardo Bazan. La preocupación realista-naturalista del siglo pasado del creador, que se ha vuelto observador como Zolá, lo sustituye el modernismo del antihéroe, que quiere ser él mismo, porque no lo es. La novela de vanguardia se caracteriza por su falta de caracteres identificables, donde todo cabe, un terreno vago del cual nada está excluido.
Frente a una realidad adversa el antihéroe, quien lejos de morir por amor, es un tipo sin desbordes sentimentales, frío y oportunista en la mayoría de las novelas contemporáneas, la vida se transforma en un conflicto personal. La realidad cambia de sentido y la creación literaria se torna en un depósito de heterodoxinas, universalismo, confrontación ?nación mundo?, y lucha feroz por la vida. Después de haber pasado varios siglos intentando enseñarnos a madurar en el mundo, el arte de novelar se encierra ahora en el laberinto del sinsentido.