Catalejo
Algunas de las dudas presentes en este 2026
Este 2026 también depara sorpresas con la ampliación del avance de las versiones fanáticas de las creencias islámicas.
Normalmente, los primeros días de cada año están llenos en todo el mundo de esperanzas y de confianza en mejoras. Desde hace un par de milenios la tradición habla de desear prosperidad a familiares y amigos, pero conforme ha pasado el tiempo, ese deseo incluye a toda la humanidad y, por ello, al planeta Tierra donde vivimos todos. Pero hoy, el avance tecnológico exagerado y tantas veces contraproducente, ha llevado a las personas con pensamiento sereno a preguntarse si el ser humano se convertirá en el destructor ya total de su hábitat alarmantemente eliminado. Ese proceso comenzó con el empleo de la bomba atómica en 1945 contra Japón, para aplastar dos ciudades en segundos y matar a 200 mil seres humanos, y así terminar la Segunda Guerra Mundial.
El año inicial de la segunda parte de este siglo tendrá una importancia mayor al de los anteriores, por muy variadas razones.
Pocas veces los riesgos con posibilidades de volverse realidad han sido tantos. Menciono una: los peligrosísimos atrasos en el campo de la religión fanática mezclada con la política, y además sorprendentes alianzas de viejos enemigos bélicos, o viceversa. Desde el punto de vista de la ideología y de las formas de gobierno, la democracia —aunque sea el sistema menos imperfecto, según señaló Churchill— se encuentra en riesgo gracias a las triquiñuelas, artimañas, tretas u subterfugios, algunos burdos. Las alianzas entre gobernantes sin principios democráticos, ya sea por convencimiento propio o por razones ideológicas, de afianzarse este año, tendrán largas consecuencias imposibles de predecir porque los cambios en el panorama mundial son súbitos.
En cuanto a la religión, este 2026 también depara sorpresas con la ampliación del avance de las versiones fanáticas de las creencias islámicas, musulmanas, o sarracenas, presentes en todas las razas y culturas. La constante emigración hacia Europa Occidental, sobre todo, ha puesto casi al borde de desaparición a sus países, como consecuencia de la falta total de condiciones para permitir el ingreso. La posición de estos fanáticos, sobre todo árabes, no de la totalidad de quienes adoran a Alá, no es de integración social y cultural y de respeto a las tradiciones de los países cuyas puertas se les abren o se les han abierto. Lejos de ello es de imposición de las propias respecto a la comida, a la vestimenta y derechos humanos de las mujeres y al papel de ellas en la sociedad.
Es allí donde nacen los graves problemas, a causa de una libertad sin límites. En Londres, fue atacada una celebración navideña en Picadilly; en Francia, lograron la eliminación de los crucifijos de las aulas escolares. Inglaterra ya tiene un primer ministro de orígenes musulmanes, y sospechosamente ocurre este ataque generalizado; New York eligió y tiene desde ayer a un alcalde en la misma situación. Mencionar esto no es una posición anti-sarracena, palabra derivada de “habitante del desierto” desde hace siglos, ni rechazar los grandes aportes a la cultura universal: los números, química, arquitectura, música e incluso influencia en el vocabulario español: todas las palabras iniciadas con al (alcohol, almohada), naranja, limón, guitarra, y por lo menos de otras mil.
Es preocupante la relación entre el avance musulmán en Occidente y la necesidad de defender la cultura de esta zona del mundo político y cultural, no solo de Europa y América Latina, depende en mucho de las ideas cristianas y de otras religiones, incluso politeístas —como ocurre en el Oriente— aunque ya hayan avanzado desde hace algunos siglos hacia a la separación del Estado y de la Religión. Este es uno de los derechos humanos fundamentales, el de la adoración a alguna deidad e incluso la ausencia de aceptación de los dioses. Este problema religioso se convierte en lucha por la supervivencia occidental y comprueba una vez más el terrible error de no defenderla cuando se admite a una cultura cuyos factores muchas veces chocan tan frontalmente.