SIEMBRAPobre con reglas de rico
No cabe duda que en Guatemala muchas veces las cosas se hacen al revés. Somos un pueblo tan noble y conformista que pecamos de babosos y todo el mundo nos quiere ver la cara. Los que nos gobiernan nos roban, mienten y descuidan sin sufrir ninguna consecuencia, puesto que el chapín se toma muy en serio aquello de poner la otra mejilla. La humildad es una virtud, pero ser humilde no es igual a dejarse abusar.
En el área comercial hemos pagado y pagaremos muy caro este descuido y falta de visión. Este es un camote de todos los guatemaltecos, sin embargo, la responsabilidad de velar por el bien común comercial está en manos del sector privado.
Un sector que no escapa de esa miopía y complejo de inferioridad ante los retos planteados con la tal Globalización y los tratados de libre comercio. Que de libres sólo tienen el nombre. Tenemos que ser profesionales y ponernos los pantalones para evitar ser aplastados con esa apertura comercial de una sola vía. El proteccionismo es nefasto y lleva a un alto costo social, pero colocar a los guatemaltecos en condiciones adversas para competir con los vecinos eso es firmar nuestra sentencia de miserables hambrientos por muchas generaciones más.
Los agricultores no tienen ningún apoyo del Estado, ni siquiera tienen acceso a préstamos para cosecha, y si los tuvieran son a intereses de usura.
Los agricultores gringos y mexicanos tienen subsidios de sus gobiernos. Para mantener el empleo en el agro el gobierno gringo les paga por sus productos precios más altos que los del mercado, hasta les paga por no sembrar.
El producto que compran caro para subsidiar a sus agricultores lo venden barato en estos países, tal es el caso del maíz, soya, carne, pollo, tomate, papa, etc. A precios por debajo del costo de producción en Guatemala, llevando así a la quiebra a cientos de agricultores y el desempleo. ¿Acaso está más barata la comida? Qué de al pelo, y dicen que quieren acabar con nuestra pobreza, qué cuento.
Para colmo, nuestros legisladores y gobernantes no sólo son ignorantes en la materia, sino que también son servilistas ante intereses extranjeros. Aprobaron una legislación que protege los registros de medicinas humanas, veterinarias y químicos agrícolas por quince años más que la patente otorgada en los países industriales.
Esto ni los gringos ni los europeos lo tienen. Esto implica, en dos platos, medicinas y alimentos más caros para un pueblo sumido en la pobreza, puesto que evita el ingreso de productos genéricos económicos y de calidad. ¡Qué injusticia social! Esto tiene que corregirse porque el pueblo no aguanta más. ¡Al ahorcado, jalarle los pies!