AL MARGEN DEL DISCURSOEl incienso anula el olfato

MAURICIO LÓPEZ BONILLA

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El cotarro preelectoral se ha alborotado. La confirmación pública por parte de jerarcas del FRG, respecto de volver a intentar la inscripción del general Efraín Ríos Montt como candidato a la Presidencia de la República ha sido la causa.

Y es que, la realidad parece asustar a no pocos, cuando se ve el escenario actual en prospectiva. La consideración, respecto de las posibilidades que tiene el partido oficial para ser reelecto -a pesar del desgaste provocado por el ejercicio del poder- efectivamente tiene sustento. La incidencia de una oferta electoral atomizada, es quizá el elemento definitorio más importante en la evolución de tal situación.

De cierto es entonces, que no basta asumir que los desmanes, ineptitudes y mediocridades exhibidas por el partido en el poder, a las que se puede sumar las acusaciones, cuestionamientos y emplazamientos, hagan el milagro por sí solos. No es cuestión de colocarlo todo en un recipiente, para darlo de beber a los electores. La alquimia electoral, no funciona así.

Por eso es entendible que en un escenario como el descrito, el anuncio de la posible candidatura del general Ríos, potencie la controversia en torno a si éste tiene o no impedimento legal para participar. Sin embargo, una visión integral bien podría complementar el análisis con la ilustración de los posibles cursos de acción.

Para el patriarca del FRG, las opciones son muy claras: O continúa con la obsesión de ser candidato o asume el papel de ?king maker? con nuevas figuras. Con la primera, Ríos sometería ad referéndum, las condiciones de mito, aquellas a las que hiciera referencia Jorge Palmieri, en una columna reciente. Con la segunda, podría tratar de asegurarse así mismo al igual que su partido. La primera, sólo necesita que se aumente la cantidad de incienso; la segunda una buena dosis de realismo.

Si piensa en ser candidato, el general tiene que sopesar que el desgaste sufrido por su partido es inmenso, aunque algunos le digan que esto sólo ha ocurrido en las áreas urbanas. A eso habría que sumar, que sin duda sería blanco de todo tipo de señalamientos, los cuales irían desde su actuación durante el gobierno de facto hasta las acciones realizadas por su partido en la actualidad. El juego sería: o todo o nada.

Por el contrario, si evaluara el costo-riesgo de una candidatura, así como las probabilidades reales de éxito, tal vez consideraría que el tiempo ya pasó para seguir empecinado en aventuras. No hay duda de que su partido tiene mayores posibilidades de sobrevivir, si él sigue manteniendo ese halo de leyenda. Por lo demás, sólo tendría que ungir desde ya, a un nuevo prospecto -partidario o no- que encaje en el perfil que defina la investigación del mercado electoral. La posición para él: encabezar el listado nacional para reelegirse como diputado.

Pero el general tiene una tercera opción. Esa vía que resultaría de la combinación de las dos anteriores, se puede imaginar con los siguientes pasos: Hacer las consultas al Tribunal Supremo Electoral, Corte Suprema de Justicia y Corte de Constitucionalidad; atizar el debate respecto del contenido del artículo 186, recibir con paciencia franciscana todo el fuego de artillería de la oposición tanto política, como social e internacional para salir víctima de ese proceso, y así, acrecentar su figura.

Luego seguiría: recibir la opinión favorable de la Corte de Constitucionalidad, pero en ese preciso momento, indicar que ya no desea participar como presidenciable, porque sólo deseaba probar que se ha violado ?sistemáticamente? hasta ahora el derecho a escoger del electorado. Luego, procedería a posicionar a ?su? candidato.

¿Qué es posible? En este tipo de decisiones los políticos suelen actuar por instinto, con mayor razón cuando se es viejo lobo de mar. Pero hay algo que pocos recuerdan: que el incienso, siempre anula el olfato.

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