Catalejo
Increíble dupla vencerá a un heroico ucraniano
A pocos días de la invasión, escribí sobre la derrota ucraniana, pero nunca pensé siquiera en una Washington-Moscú.
Cuando Vladímir Putin ordenó la invasión a Ucrania y la calificó de “operación militar especial”, convencido de terminarla en pocos días, de apoderarse de un tercio del territorio ucraniano. Pero hoy se cumplen cuatro años y cuatro días de una guerra tan larga como la Segunda Guerra Mundial, y causante esta vez de 1.100,000 bajas rusas y 971 mil ucranianas. Apoyaron los Estados Unidos de Biden, la Unión Europea y la Organización del Atlántico Norte, pero hoy, están dirigidos por el hombre de negocios Trump, quien cambió 180 grados con sus aliados desde hace 80 años al unirse con el neo-zar-dictador y ahora gran ganador a causa de su evidente y clara astucia. En la reciente reunión entre ambos, endureció su posición y debilitó a su adversario, enemistado con muchos países.
Duele reconocer: Zelenski será la víctima del contubernio entre Trump y el astuto Putin, vencedor también de Trump.
Al empezar el conflicto, muchos –incluyéndome– pensamos en la derrota por la diferencia de fuerzas militares. Sabíamos del inútil derramamiento de sangre ucraniana, y rusa, pero nadie pensó en esa alianza de las dos potencias contra Ucrania, ni en la separación interna entre Estados Unidos a causa de la cruel agresión a los indocumentados. Claro, ese es otro tema en sí mismo, porque se han filmado fuerzas policiales disparando a manifestantes desarmados y separando a niños de sus madres. Putin no desaprovechó la oportunidad y endureció su posición: recuperar la región del Donbás, apoderarse de áreas ucranianas desde la desintegración de la Unión Soviética el 17 de diciembre de 1991, hace poco más de 33 años. Para ganar necesitaría un milagro.
Zelenski pide a Trump la garantía de Putin de no volver a atacar si se firma un armisticio. No lo creo, y no apostaría un centavo del cumplimiento. Por aparte, el líder comunista chino seguiría el ejemplo y atacaría a Taiwán, lo cual le significaría a Guatemala perder un país amigo desde hace muchos años. Todos los regímenes autoritarios o abiertamente dictatoriales tendrían las puertas abiertas, y a esto se agrega la debilidad en todo el mundo de la democracia como sistema de gobierno, por sus propias contradicciones internas y por el ansia de oscuros personajes filocomunistas o filosocialistas de apoderarse del poder de países con ese tipo de gobierno, pese a su total fracaso, sin excepciones, aunque hayan llegado por medio de elecciones, incluso limpias.
Los efectos para Ucrania cuando “estalle la paz” como indicó respecto a la Guerra Civil Española el escritor Gironella: destruidas ciudades, hospitales, infraestructura, economía. Zelenski pronto será visto dentro del país como el perdedor, renacerán las divisiones, se olvidarán la valentía y las victorias a los invasores rusos. Talvez deberá irse a otro país, pero le será difícil porque Putin exigirá mantenerlo adentro y prometerá castigo a quienes le tiendan una mano. Cuando pase el tiempo, sus conciudadanos descontentos comenzarán a entender las circunstancias. Por años, creo, le tocará llorar de tristeza al comprender la real naturaleza humana de ser “lobo para el hombre” (Hobss, filósofo), y de “ay de los vencidos” frase de los romanos hace más de dos mil años.
Europa Occidental saldrá afectada, porque Ucrania es y ha sido su granero. Y si lo declaran armisticio, no habrá garantía de paz real. Comentar estas realidades, provoca una mezcla de dolor y tristeza. Se comprueba la ley del más fuerte, el retroceso de siglos de avances en el contrato social democrático, cuyos errores son un riesgo aceptable. Según el humanismo, su ética y su moral, constituye una tragedia, y es mayor si el país es pequeño al compararlo con los aliados en su contra. Sólo queda esperar, contra toda esperanza, haberme equivocado en este análisis, pero tantos años de experiencia sobre real politik califican de ingenua esa ilusión. A pocos días de la invasión, escribí sobre la derrota ucraniana, pero nunca pensé siquiera en una Washington-Moscú.