SENTIDO COMUNReconsiderando al FMI
El FMI propone que se invente un sistema para que los países puedan declararse en quiebra. Es decir, para que sepan que se pueden endeudar sin pena. El arte está en encontrar nuevos nombres, novedosa retórica, que no se declare como suspensión de pagos, lo cual tiene una connotación vergonzosa. Así, podrán seguir prestando para endeudar a dos y tres generaciones de una vez.
Aún hay gente que cree que el secreto del progreso estriba en tener acceso al crédito. Con frecuencia se oye el lamento de que el agricultor no tiene acceso al crédito. Pero el crédito es un complemento y no sustituto de la inversión rentable. Si una actividad no es rentable para atraer capital de riesgo privado, alimentarla de crédito es una manera fácil de hundir a quien sigue ese camino.
Muchas veces en esta columna se ha criticado al FMI como una entidad dañina. Ahora que me entero de que las críticas sobre su trayectoria y competencia ocurren adentro de la institución misma, siento un tímido optimismo pensando que se comprenda que no existe función constructiva que pueda desempeñar esa institución, y que debido al daño que ha hecho en el mundo, su clausura está más que justificada para poner un alto al desperdicio de recursos.
En esta opinión no estoy solo, pues funcionarios de alto nivel, como el ex secretario de Estado y del Tesoro, George Schultz, también se han expresado en igual forma.
Algo de historia: el FMI fue creado en época de paridades fijas, para suplir reservas a países con problema temporal de falta de divisas, y así mantener estabilidad cambiaria. El problema es que cuando la política económica del país provocaba pérdida de poder adquisitivo de la moneda (inflación) la devaluación era inevitable, y menos grave si ocurría pronto.
Pero como el afán era mantener estabilidad cambiaria a toda costa, el ajuste de paridad era postergado, pero previsible. Invitaba a grandes especulaciones, creábase la oportunidad y los incentivos de grandes ganancias, hasta hipotecar la casa para comprar divisas antes de que llegara la devaluación y venderlas después.
Los casos llegaron al ridículo que mientras destruían su moneda prestaban más divisas al FMI para venderlas de ganga. Ciertamente el valor de las divisas se mantenía estable (fijo), pero sólo en intervalos entre repentinas y grandes devaluaciones. La especulación en divisas floreció hasta cuando se dejaron ?flotar? (libres) las monedas. Como el FMI se había constituido para mantener paridades fijas, su función desapareció en los 70, y su existencia quedó sin justificación.
Con la complicidad de los bancos centrales reinventaron su función, y se convirtió en prestamista para países con problemas necios que llaman ?estructurales?. Esa conversión no fue aprobada por procesos legislativos requeridos para aprobar tratados, sino por sus juntas monetarias, sin consultar a los dueños: el pueblo y su Congreso. Si originalmente se hubiese propuesto establecer el FMI como un prestamista más, la pregunta pertinente hubiese sido, ¿no son para eso el Banco Mundial y el Interamericano, etc.?
El FMI comparte la culpa de la pobreza que las malas políticas monetarias han causado, pero sus funcionarios son inmunes. No tiene buenos clientes, pues ellos no necesitan de él. Sólo tiene malos clientes, cuyos vicios alienta y agrava dándoles más préstamos con las típicas condiciones empobrecedoras, como aumentar la carga fiscal a los pueblos pobres.