Vida

El tiempo y el calendario

El inicio de un nuevo año, no es una fiesta religiosa, aunque la iglesia lo toma por ser la festividad de San Silvestre y ser este santo el último del calendario litúrgico o sea el 31 de diciembre.

San Silvestre (314-335), Papa en el reinado de Constantino El Grande, emperador romano, puso fin a la persecución de los cristianos, y fue San Silvestre el que bautizó a este emperador.

Estaba reservado al periodo de la contrareforma y a uno de sus más celosos adalides, el Papa Gregorio XIII, la realización de la gran reforma cronológica, o sea el cambio del calendario Juliano (Julio César).

El hombre siempre ha estado obsesionado por el tiempo y su paso. Los pintores se han encargado de presentarlo y los poetas de cantarle. A todo lo largo de la Edad Media, el hombre estaba poseído por el miedo, no podía explicarse ningún fenómeno de la naturaleza, y con ?abuso del simbolismo? se alejaron de lo natural, impregnando al arte de un carácter frío y convencional, la naturaleza no era estudiada suficientemente. Es posible que no existan otras doctrinas como las de Copérnico, que hayan influido tanto en el espíritu humano.

El hombre tuvo que renunciar al enorme privilegio de ser el punto central del universo. Tal vez la humanidad nunca se había planteado una cuestión semejante. La reforma cronológica del calendario tenía dos fines, primero poner la reforma cronológica de acuerdo a los recién descubiertos fenómenos y, lo principal para la iglesia, hacer que la cronología coincidiera con el nacimiento de Cristo, el año 0.

Representantes notables del protestantismo, entre ellos el humanista Melenchthon estuvieron de acuerdo con los cambios realizados por Gregorio XIII (1528). Había llegado el momento en que el calendario Ptoloméico o Juliano no cumplía su función con los nuevos tiempos.

Existen varios tipos de calendarios, el Gregoriano o sea el que utilizamos, no cuenta como bisiestos los años que terminan en siglo. Con las doctrinas de Copérnico podemos decir finaliza la Edad Media con dobles difuntos. Al Renacimiento le estaba reservado devolver al hombre la alegría de vivir.

El escritor guatemalteco Mario Alberto Mencos, nos narra como fue la ?Ciudad de fiesta?, cuando se celebró la llegada de 1901, luego de describir lo solemne de la misa ?fue aquel un día completo. Por la tarde asistí de la mano de mi madre a la imponente procesión que a las cuatro bajaba por las gradas del Calvario?. Otros tiempos, otras formas de celebrar ?pero… pienso que aquellas eran más humanas?.

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