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Elecciones políticas y conciencia moral: ¿todavía se relacionan?

Se desea a los postuladores, a los candidatos y electores el componente básico de la conciencia: la reflexión sobre sí mismos y los intereses que los mueven.

En el agitado clima de elecciones políticas claves del 2026, y con base en el Mensaje de la Conferencia Episcopal del pasado 30.01.2026, “Aprecien todo lo verdadero, honesto, justo y honorable” (cf. Filipenses 4,8), conviene retomar el tema de la “conciencia” o capacidad reflexiva del ser humano para juzgar sus propias acciones como buenas o malas, basándose en valores y normas éticas: aquella que como una “voz interior” o juicio de la razón que impulsa a hacer el bien, evitar el mal y asumir la responsabilidad de los actos, tal y como la define la Doctrina Social de la Iglesia, y que es imprescindible para postularse o dejar de hacerlo, a cargos públicos.

La política ha llegado a ser —en izquierdas o derechas— una forma rápida de enriquecimiento ilícito.

Sí, penosamente, la política ha llegado a ser —en izquierdas o derechas— una forma rápida de enriquecimiento ilícito, sucediendo ello con tanta sandez o inmoralidad que se cuestiona si se ha perdido el elemento psíquico y espiritual de la conciencia, o se la acalla, a veces refugiándose en ciertas confesiones religiosas que “avalan la corrupción y la riqueza” como bendición divina. Citando al nuevo santo J. Newman, “la conciencia rectamente formada es quien determina hacer o dejar de hacer algo”: en este caso, de nuevo, postularse o no, y decidirse, en el caso de hacerlo, a sufrir las consecuencias de una recta conciencia: hasta oponerse a los intereses “del rey y perder la cabeza” como sucedió con S. Tomás Moro, patrono de los políticos honestos. Citando de nuevo a Newman, “no basta con ser experto en los principios legales”, dado que no siempre la ley es sinónimo de justicia (H. Thoreau, 1817-1862) y antes: “Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley por el hecho de ser justa” (Ch. Montesquieu, 1689-1755). En el mensaje de los Obispos se reafirma que “la política es de las formas más altas de la caridad, pues se define por buscar el bien común” según todos los Papas desde Pío XI (1927) hasta León XIV (Discurso a seiscientos diputados italianos, 04.06.2025).

Pero la existencia de una conciencia recta en lo político, dejando de lado las infinitas trampas de la “judicialización” para botar a los adversarios, implica dos vertientes: 1) Conciencia recta de admitir que no se es moralmente apto para postularse, por un curriculum vitae descalificatorio. Claro, ya lo decían Platón y Aristóteles: los buenos son pocos en este campo, pues los líderes deben poseer el poder cultivar la virtud y mejorar a los ciudadanos. Y nadie da lo que no tiene. 2) La falta de conciencia en los electores: especialmente cuando tiene lugar una lamentable “ignorancia racional” —diríamos de conciencia— en los que eligen (cf. Curcó, F. Teoría del voto e ignorancia racional, 2022). “Exhortamos a las comisiones de postulación y Congreso de la República y a otros organismos… a actuar con honestidad, sentido social, responsabilidad constitucional, respeto al Estado de derecho, apego al marco legal, transparencia y pluralismo político, para seleccionar… a quienes demuestren capacidad, idoneidad y honradez”, dice el Mensaje de la CEG. Si la moral (= de mores o costumbre) se debe regir por la ética (=éthos o reflexión sobre las leyes morales), se desea a los postuladores, a los candidatos y electores el componente básico de la conciencia: la reflexión sobre sí mismos y los intereses que los mueven.

Y que universidades, credos y grupos impulsores en estas elecciones no prescindan de Dios o se fabriquen uno “a la medida conveniente”, sino lo escuchen, según S. J. Newman, y vivan según las consecuencias de un Fe unida a la vida. Cuentan con la Doctrina Social de la Iglesia, llamada ella también a apoyar “lo bueno, noble y justo”, venga de quien venga, pero sin olvidar que hoy por hoy, en lo “realmente bueno y político”, hay que vivir veluti Deus daretur (como si Dios sí existe, Papa Benedicto XVI).

ESCRITO POR:

Víctor Hugo Palma Paul

Doctor en Teología, en Roma. Obispo de Escuintla. Responsable de Comunicaciones de la CEG.