Fundamentos
Vencer el tedio por medio del arte
El arte es, sin duda alguna, un poderoso remedio para el tedio o el aburrimiento.
Suelo contar una anécdota que tuvo mucho impacto en mi vida. Se trata de las navidades de 1973. Tenía entonces apenas seis años y recibí de mi abuela un regalo con ocasión de las fiestas. Aun recuerdo su rostro cómplice cuando me entregó aquel paquete. No tardé en rasgar la envoltura para descubrir cuál era el nuevo juguete que llegaba a mis manos. Resultó ser otra cosa. Cuando terminé de desempacarlo, caí en cuenta de que era un libro. Es probable que mi abuela haya detectado muy rápido mi desilusión, pues inmediatamente me dijo unas palabras que aún tengo presentes: “Acabo de regalarte la llave para que no vuelvas a aburrirte nunca más en tu vida”.
El tiempo siempre corre a favor de quien tiene un buen libro a su alcance.
Quizá en aquel momento no llegué a darme cuenta de la profundidad de lo que me decía. Al fin y al cabo, no era un libro, sino el gozo por la lectura lo que ella me estaba obsequiando. Y así fue. Ese fue el primer libro que leí y detrás de él vinieron muchísimos más. Tenía tanta razón con sus palabras. Aquel que descubre el gusto por la lectura, no vuelve a aburrirse nunca más. Siempre el tiempo corre a favor de quien tiene un buen libro a su alcance. Así que las esperas fastidiosas en algún trámite público o los atrasos en las citas es tiempo bien aprovechado cuando se tiene una lectura interesante de la cual echar mano.
El arte es, sin duda alguna, un poderoso remedio para el tedio o el aburrimiento. Cuando se desarrolla la curiosidad, el ánimo de aprender, el gusto por descifrar lo que tenemos enfrente, toda escena, por sencilla que parezca, cambia completamente de sentido. Lo que parece rutinario se vuelve súbitamente interesante. Lo vemos con nuevos ojos. Pero todo se trata de que tengamos la llave que nos abra la disposición del ánimo para cambiar la actitud pasiva y distraída por una inquisitiva y enfocada.
Para muestra, un botón. El tráfico pesado puede convertirse, con el estímulo adecuado, en cómplice de un proceso de aprendizaje. Por ejemplo, tomarse el tiempo para dar una mirada más atenta a los monumentos públicos que existen en cualquier ciudad del país puede ser una labor muy interesante cuando aprendemos a descifrar los símbolos que aparecen en ellos, la historia del personaje, el porqué de la ubicación, las anécdotas relacionadas con el mensaje que dan. Ahora no hay excusa para no poder dar una segunda mirada, más atenta, a estos símbolos de nuestra historia. Si podemos leer algo de ellos antes de sumergirnos en el océano vehicular, vamos a disfrutar luego el encontrarlos.
Los edificios también cuentan una historia. Atrévanse a leer la fachada. ¿Cuál es la forma en que el arquitecto buscaba controlar la iluminación solar? ¿Qué detalles son interesantes o extraños? ¿Se relacionan estos con su entorno o parecen haber sido creados sin referencia a otros edificios? ¿Las líneas de la fachada sugieren verticalidad o más bien horizontalidad? Todas ellas son decisiones de un profesional que están allí para ser descubiertas.
Les lanzo otro reto. Ahora con la tecnología podemos llevar la música intemporal a nuestros celulares. Los invito a que hagamos la prueba de pasar el tráfico oyendo una sinfonía de Beethoven. Les aseguro que será una de las mejores horas invertidas de su jornada. En nueve días habremos oído todas. Estoy seguro de que descubriremos el gusto por ellas y de paso habremos dominado nuestro mal humor al timón. Volvamos, pues, al arte, nuestro aliado para ser mejores personas, y en el proceso, reconocer que el tiempo vuela cuando la compañía es agradable.