Registro akásico

Se ignora estatura geopolítica

Manifiesta emotividad e improvisación en relaciones internacionales

El fracaso de los asesores en la estrategia gubernamental para conseguir situar magistrados en la Corte de Constitucionalidad se convirtió en un reclamo contra el encargado de Negocios de EUA, amplificado por los medios de comunicación adversarios de Trump, en todo el mundo. Se tiene una política de zigzag con la actual administración norteamericana. El presidente, en recientes entrevistas, había hecho olvidar su simpatía por Biden y, explícitamente, en contra de Trump. Ahora, en dos minutos, tensó las relaciones internacionales y ofreció a los distintos partidos de oposición una oportunidad de ampliar sus críticas y ofrecer la posibilidad de coaliciones que se impongan en diferentes problemas de alcance nacional.

Los intereses nacionales son mejor servidos con prudencia antes que con impulsividad precipitada.

En la democracia, puede haber tantas posiciones como variantes admita un problema. No es posible analizar los eventos con dicotomías. Los buenos contra los malos, la izquierda contra la derecha, los impolutos contra la bruja, los institucionalistas contra los golpistas, etc. Quien acepta estas oposiciones demuestra su falta de criterio y el seguidismo donde esconde algún resentimiento no explícito o interés deleznable.

Los funcionarios reciben autoridad para alcanzar sus objetivos en competencia con otros postergados. La lucha política sin tregua arruina la república. Su práctica se explica por momentos de debilidad política. La tentación de recurrir al uso de la fuerza asoma como la única solución deseada. Ni sal ni agua al adversario impulsa la parálisis institucional: busca generar polarización impidiendo el pluralismo. La política recalcitrante genera judicialización excesiva, los conflictos políticos con posibilidad de resolución negociada no se asumen por la incapacidad de conversar. También resulta el descrédito de los tribunales porque no siguen los caprichos del poder.

En el país ha surgido otro expediente: forzar al error político. Se aparenta participar en el odio sin límite contra las autoridades que concluyen sus mandatos. Dan como verdaderos hechos futuros: un golpe de Estado, el enjuiciamiento con arresto del presidente, resoluciones sesgadas de la Corte de Constitucionalidad, crecimiento económico sin límite y control del crimen organizado sin profesionalización de la Policía. Se manifiestan dos caras: 1) Se simula un apoyo a toda prueba a favor de un líder burocrático, para convencerlo de su popularidad como licencia para no atender los límites legales, y 2) se empuja a una crisis política, como el pescador en río revuelto para conseguir llenar las redes.

El marxista Antonio Gramsci (1891-1937) consideraba a la política abierta a muchos resultados y se ocupó de los errores políticos como una situación recurrente, surgida de la confusión en apreciar la correlación de fuerzas. Convierte la ilusión en un vendaje, para ignorar las condiciones políticas existentes. No distingue entre una situación orgánica, es decir, esencial para formar una dirección necesitada de objetivos programáticos con apoyo ciudadano; de la actuación momentánea, basada en errores de cálculo o manifestar una sobreestimación presente en algunos diputados.

En este cambio de momento en la política internacional, cuando se abandonó al consenso como fuente de las obligaciones internacionales, para aceptar la influencia debida a la estatura geopolítica, se debe estar atento a la esfera de influencia donde el país está situado. Esperemos que se impongan el buen juicio, la frialdad en las declaraciones y llevar adelante con prudencia los intereses nacionales, por quien dirige constitucionalmente las relaciones internacionales.

ESCRITO POR:

Antonio Mosquera Aguilar

Doctor en Dinámica Humana por la Universidad Mariano Gálvez. Asesor jurídico de los refugiados guatemaltecos en México durante el enfrentamiento armado. Profesor de Universidad Regional y Universidad Galileo.