Aleph

El Pacto de Corruptos, un matapalos

Hay un movimiento ciudadano diverso con anhelos democráticos.

Año: 2017. Contexto: se da una nueva crisis política cuando, durante el mes de septiembre, el Congreso aprueba las reformas al Código Penal que reducen las penas por el delito de financiamiento electoral ilícito. La Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), había sacado a luz durante los últimos meses, varias de sus investigaciones contra actores y sectores corruptos. Era un gobierno de cuatreros y mercenarios, con el payaso Morales a la cabeza y Consuelo Porras iniciándose en el Ministerio Público (MP).

El Pacto de Corruptos nos desgasta, nos indigna y nos frustra.

Es entonces cuando los acercamientos entre el sector económico organizado más conservador, la clase política corrupta, los actores judiciales leales a los más oscuros intereses y algunos abogados particulares y medios de comunicación (e. g., televisión abierta), le ponen rostro a la alianza criminal más mafiosa de todos los tiempos. Nace en el 2017 la expresión “Pacto de Corruptos”. Esta etiqueta sirvió y aún sirve bien para describir a una alianza elástica, flexible y variopinta, conformada por empresarios, actores políticos y mediáticos, operadores judiciales y militares que tienen como denominador común el deseo de preservar un sistema de poder basado en la corrupción, la impunidad y el secuestro del Estado. Es un organismo vivo que se adapta a todo y vive de todos, con tal de sobrevivir. En el ámbito forestal se llaman “matapalos”.

Fue el Pacto de Corruptos el que quiso impedir que Bernardo Arévalo llegara al poder en 2024; el que estuvo detrás del vergonzoso robo las cajas de votos; el que pagó para que sus operadores destruyeran, a la velocidad de rayo, el partido que llevó a Arévalo al poder, mientras sigue defendiendo a partidos asociados a la corrupción y el crimen organizado; es el que ha tratado de bajar a Arévalo de la silla presidencial y de mantener a Consuelo Porras en algún puesto público que le dé inmunidad; es el que ha tratado de impedir que las cosas cambien en estas elecciones de segundo grado para lograr un mínimo más de democracia. Y es el que ahora ha reconfigurado su estrategia para tratar de seguir con el control y la captura de las instituciones del Estado (la CC y el OJ), con el fin de defender sus intereses y seguir en el mismo sitio maldito que han ocupado.

Es justo una parte de ese Pacto que alega soberanía a la menor provocación, la que ha pagado lobbies millonarios para incidir en las altas esferas estadounidenses, para influir en nuestras políticas internas. Supimos recientemente del lobby antiembajada y sabemos ya de la romería de candidatas y candidatos presidenciales en Estados Unidos, cabildeando directamente o a través de empresas contratadas, para nuestras elecciones del 2027. ¿Qué capacidad tiene el Gobierno de Guatemala, a través de su representación diplomática, de hacerle frente a esto?

Ya vimos cómo un lobby puede perjudicar a una nación entera en el ejemplo que deja la dimisión con efecto inmediato del director del Centro Nacional Antiterrorista, Joseph Kent, quien dijo: “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra que se libra en Irán. Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y es evidente que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”.

El Pacto de Corruptos nos desgasta, nos indigna y nos frustra. Quieren sostener a sus mejores operadores en la jugada (Porras en el MP, Molina en la CC…) y seguir asfixiando a Guatemala. Como los matapalos.

Pero hay un movimiento ciudadano diverso con anhelos democráticos, que se ha venido fortaleciendo y les ha dado fuertes dolores de cabeza y estómago a los del pacto. Son momentos cruciales para Guatemala.

ESCRITO POR:

Carolina Escobar Sarti

Doctora en Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad de Salamanca. Escritora, profesora universitaria, defensora de DDHH por la niñez, adolescencia y juventud, especialmente por las niñas