Si me permite
Cuando hacemos espacio para otros, convivimos
Convivir no siempre habrá de gratificar los gustos, pero seguramente habrá de generar seguridad.
“La convivencia es un trabajo costoso de comprensión y generosidad constante” Enrique Rojas
Cuando entendemos la realidad de convivir, aceptamos la realidad, no solo de que no estamos solos, sino de que otros nos están acompañando, no solo en asuntos de espacio y tiempo, sino que están compartiendo con cierta medida de generosidad lo que ellos son y lo que la vida les ha permitido tener. Esta realidad, cuando es de carácter recíproco, es la mayor riqueza que los humanos podemos tener. Muchas cosas materiales son relativas y circunstanciales, pero el valor humano que compartimos nos permite ser lo máximo en este universo.
En nuestra sociedad, la mentalidad de competitividad pesa mucho más que la convivencia.
La convivencia, sin lugar a duda, tiene un costo, y cuando sabemos entender la importancia que tiene para cada una de las personas con quienes convivimos, el costo seguramente se paga sin mayor dificultad y sin hacer mayor comentario, porque el resultado final es la cosecha de la mejor salud mental que podemos obtener. Solo una experiencia de soledad y aislamiento de los nuestros nos lleva a estados desesperantes que ni quisiéramos imaginar.
En cada uno de nosotros están los conceptos de lo no negociable, sea por la formación que hemos recibido o bien por la personalidad que tenemos, pero esto seguramente nos hace más selectivos con quienes habremos de convivir, y una vez que se tiene un claro entendimiento de las limitaciones, se desarrollan ajustes y acomodos, y de ese modo logramos el espacio apropiado y disfrutamos la convivencia que muchos no podrán entender, pero nosotros la disfrutamos y hacemos todo lo que sea posible de nuestra parte para que no se pierda.
La realidad de la compatibilidad es un elemento que se logra alcanzar en las relaciones que hemos desarrollado con muchas personas a lo largo de la vida y en los diferentes campos en los que nos toca estar, por los compromisos que hemos adquirido, esta realidad se puede decir que es un valor agregado que transforma la simple existencia humana en una vida gregaria que difícilmente se puede explicar pero que se disfruta extensamente, y los que nos rodean lo perciben sin necesidad de alguna explicación o justificación.
El elemento básico en una sana convivencia es el respeto que debemos tener en cada diferencia manifiesta que podamos encontrar, finalmente nadie busca la monotonía y la uniformidad en un grupo; por esta razón, con justo criterio, hay un dicho que reza que “los opuestos se atraen y los iguales se repelen”, sin tener que ser extremadamente literal, este concepto tiene bastante de verdad, y en el diario vivir podemos observarlo entre las personas que conocemos y observar sus relaciones interpersonales.
Si somos observadores, podemos con facilidad aceptar la realidad innegable que cada uno de nosotros somos como producto de nuestras relaciones y gracias a las personas con las que convivimos que han aportado en nuestra vida detalles que nos han ayudado no solo a corregir y a mejorar muchas de nuestras maneras de ser, sino que nos han guiado para mejorar nuestras metas escogiendo horizontes que nos han permitido llegar más lejos de lo que alguna vez habíamos deseado estar. Entendiendo que nuestra sociedad nos ofrece recursos para
aislarnos de la gente, también debemos ser cuidadosos en buscar el sano equilibrio para saber convivir.