Godot ha llegado

La alternativa de Xi Jinping

Desde hace varios años, China también ofrece una alternativa de gobernabilidad mundial.

Desde hace más de un siglo el Partido Comunista Chino (PCC) que se consolidó y mantiene el poder de aquel país desde 1949 ha venido celebrando un Congreso Nacional donde inicialmente analizaba su situación política y definía sus objetivos en el corto, mediano y largo plazo y presenta una nueva constitución o modificar la existente. Debido a diferentes cambios internos, como la guerra civil y revolución china (1911-1949) y problemas externos como la invasión japonesa y la Segunda Guerra Mundial, la regularidad del mismo ha venido cambiando hasta que se estableció en los años setentas del siglo pasado que se celebrará cada cinco años. Desde 1949, los tres líderes que mayor influencia han tenido dentro del partido al punto de personalizar sus políticas para agregarlas en la constitución han sido Mao Zedong, Deng Xiaoping y ahora Xi Jinping quien preside China desde el 2013 y que desde el 2018, con la abolición de los términos en la presidencia ha logrado ser reelecto para un tercer período y posiblemente más.

China se ha posicionado como la segunda principal potencia mundial.

Es precisamente bajo el liderazgo de Jinping que China se ha posicionado como la segunda principal potencia mundial no solo económicamente sino también militarmente y ahora apunta a serlo en el plano político. No se puede discutir el poderío centralizado del PCC en un país de 1.4 millardos de habitantes, tampoco como se ha convertido en el primer socio comercial de la mayoría de países primero de Asia, luego África, Europa y ahora de las Américas, lo cual es la principal molestia del residente actual de la Casa Blanca. Pero fue en el Congreso Nacional del PCC de que las ambiciones políticas del PCC para el mundo fueron trazadas con el llamado “Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era” lo cual presenta una visión ideológica que Jinping describió como “Marxismo adaptado a las condiciones chinas” y que también se presenta no solo como la vía para una nueva era de prosperidad china sino que también como una alternativa que ofrecerle al mundo como modelo de gobernabilidad que no sea la democracia republicana de Occidente.

De las diez afirmaciones que esta visión presenta la primera y más importante de los puntos de la misma es el liderazgo del PCC como máxima autoridad. Otras de gran relevancia son: lograr una prosperidad moderada —en referencia a los desbalances que puede provocar un sistema capitalista—, basada en principios políticos —bajo la autoridad del PCC—, sociales y culturales donde se refiere a “rejuvenecer a la nación China”, fortalecer al ejército chino obediente al PCC con “la capacidad de ganar batallas y convertirlo en un ejército excepcional de clase mundial”, implementar un sistema de Estado de Derecho Socialista y promover el modelo chino a través de una “diplomacia de grandes potencias con características chinas al servicio del rejuvenecimiento nacional, que promueva el progreso humano, que avance en la construcción de un nuevo tipo de relaciones internacionales y promueva la creación de una comunidad con un futuro en común para la humanidad”.

Desde entonces, las declaraciones de Xi Jinping han seguido este proceso ajustándose, como siempre lo ha hecho el partido a eventos externos como la pandemia del covid-19, la guerra Rusia-Ucrania —y lo que esta implica con su ambición de invadir Taiwán— y la actualidad de la política exterior agresiva y unilateral de los Estados Unidos. Si bien esta visión se detalló mucho antes a las de Carney en Davos y Rubio en Munich, pero son hoy tres alternativas ante los cambios del orden mundial. ¡Feliz domingo!

ESCRITO POR:

Roberto Wagner

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UFM. Maestría en Relaciones Internacionales con especialización en Geopolítica (Warwick University, Reino Unido). Exdiplomático, profesor universitario, columnista, consultor y analista político independiente.

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