Godot ha llegado

Irán y Ormuz

Una cosa es la guerra contra Irán, otra muy distinta es el tema del estrecho de Ormuz.

La guerra contra Irán ha entrado en un cruce de palabras que ha generado un estira y encoge que se refleja en una volatilidad nunca antes vista en los mercados de valores mundiales. Un ejemplo de esto se ve en las últimas 72 horas del conflicto. Luego de llevar a cabo una serie de ataques contra instalaciones militares y de gobierno iraníes y jurar “destruir” Irán, el presidente Donald Trump anuncia una pausa diplomática de 10 días hasta el próximo 6 de abril. Pocas horas después, Israel atacó instalaciones de investigación nuclear, así como dos plantas de metales. Irán denunció que estos ataques violan la pausa diplomática que Trump ofreció o bien reflejan que los objetivos de Estados Unidos e Israel son distintos y evidencian una falta de estrategia coordinada entre ambos. Pocos minutos después, Irán amenazó con que Israel pagará un precio muy alto por estos ataques y lanzó misiles balísticos a este país junto a otros cinco en el golfo Pérsico. Luego, el secretario de Estado Marco Rubio dijo que la guerra durará dos o cuatro semanas.


Todos sabemos cuándo se inicia una guerra, pero no cuándo termina, por lo que las declaraciones de Rubio han sido tomadas con cautela por los mercados, que ya han observado un fenómeno que debemos entender. Una cosa es la guerra en Irán y que las hostilidades militares puedan o no terminar en semanas, pero otra muy distinta es la disrupción que se ha causado en el estrecho de Ormuz, cuyas consecuencias comerciales, económicas y financieras pueden durar años. Usted verá, estimado lector, interrumpir o cerrar el paso por el estrecho es relativamente fácil; reabrirlo es algo mucho más difícil.

El conflicto no es solo una cuestión militar.


En el 2010, una de las revistas más influyentes en temas de política internacional, Foreign Policy, publicó la lista de los cinco puntos de mayor riesgo geopolítico del mundo, y el estrecho de Ormuz la encabezaba. El estrecho conecta el golfo Pérsico con el de Omán, tiene un largo de 167 km y su punto más estrecho es de 39 km. Por el mismo pasa un tercio del comercio de fertilizantes mundiales, un quinto del comercio de gas natural licuado, y con 20 millones de barriles de petróleo al día representa entre el 25% hasta el 35% del comercio de petróleo y derivados mundiales. Actualmente, Irán controla el paso de buques comerciales, lo que ha generado una interrupción en el tráfico del mismo, no un cierre total, y cualquiera que siga los mercados internacionales puede observar las consecuencias de este, que afectan al mercado de combustibles, energético, de alimentos, derivados de petróleo, construcción, y así se va ensanchando en la cadena de suministros mundial.


Una reactivación y flujo normal del comercio por ese estrecho no depende únicamente de un cese al fuego, de las garantías que puedan establecer las partes activas (Estados Unidos, Irán e Israel) y de la participación de algún mediador o garante. Esto también depende de las siete grandes reaseguradoras mundiales, que son las que brindan las garantías para que los buques, así como la mercancía que llevan, esté asegurada. Antes de que se anunciara alguna intención de Irán de interrumpir o bloquear el estrecho de Ormuz, fueron las llamadas “Siete grandes” las que frenaron el comercio, y el caos comercial, económico y financiero comenzó.


El conflicto no es solo una cuestión militar y que se solucione la guerra, y listo; este ya adqurió una fase más compleja. La guerra de Irán sí puede depender de las decisiones de Donald Trump, Benjamín Netanyahu y el líder supremo de turno o quien tome el control de Irán, pero el estrecho de Ormuz depende de poderes más allá de los estrictamente políticos. ¡Feliz domingo!

ESCRITO POR:

Roberto Wagner

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UFM. Maestría en Relaciones Internacionales con especialización en Geopolítica (Warwick University, Reino Unido). Exdiplomático, profesor universitario, columnista, consultor y analista político independiente.

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