Con otra mirada
Usac, copada y pervertida
La autonomía ha sido mal interpretada en diferentes períodos de su historia.
La Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), con 350 años de existencia, fue sujeto de cambios durante el período republicano. La Revolución de octubre de 1944 consolidó su afamada calidad de autónoma, democrática y comprometida con la solución de los problemas del país, que la constituyó en el garante académico del Estado y le dio derecho a ocupar importantes cargos públicos.
El Estado no puede ser simple observador. Debe intervenir la universidad nacional y nombrar un interventor.
La autonomía ha sido mal interpretada en diferentes períodos de su historia. No deben desestimarse los 36 años de guerra interna (1960-1996) durante la que se radicalizó su participación política en el contexto de la Guerra Fría, la obtusa mirada de EE. UU. y los gobiernos militares de los años 70-80. Autonomía que se pretendió homologar con extraterritorialidad y licencia para que los politiqueros que la coparon hicieran desmanes. La Usac es dirigida por el Consejo Superior Universitario (CSU) y la rectoría, que preside. La mayoría del actual CSU destaca por su pobre formación académica, carencia de valores y ausencia de sensibilidad social. Además del hecho de que su período venció, por lo que sus acciones son ilícitas.
Durante los gobiernos de Otto Pérez, Jimmy Morales y Alejandro Giammattei, entre 2012 y 2024, la Usac tuvo sus peores momentos. En 2022 tuvo su zenit con el fraude descarado e ilegal por el que fue electo el actual rector. Acción protegida por las instituciones cooptadas del Estado que avalaron la estafa e ignoraron las impugnaciones presentadas. Así fue como, de la mano del rector usurpador, la universidad se integró al Pacto de Corruptos. Ahora, cuatro años después, tuvo lugar el proceso para la elección de un nuevo rector. El actual, deseoso de ser reelecto para seguir gozando del cargo y perpetuar el control sobre los importantes cargos públicos que la universidad aporta, echó a andar la maquinaria para un nuevo fraude. En la contienda participaron 5 candidatos y los cuerpos electorales electos en la Usac y colegios profesionales. Es decir, catedráticos y estudiantes, y profesionales libres, no catedráticos, egresados de la Usac.
Considerando que la falta de vergüenza también es característica atribuible al CSU, no tuvo empacho en descalificar a los cuerpos electorales electos libre y democráticamente, no afines al repitente usurpador; así fueran de catedráticos, estudiantes o de colegios profesionales, haciendo evidente su capacidad de infiltración y nivel de protección por las instituciones de justicia del país. Pero más allá del abuso de poder, de los 21 cuerpos electorales legítimamente electos, acreditó 5 y anuló 16, con argumentos espurios y/o por ser opositores.
Así las cosas, el 8Ab2026, día de la elección convocada en un hotel de La Antigua Guatemala, estuvieron presentes la mayoría de miembros del CSU y el rector. Al menos 2 cuerpos electorales se negaron a participar en esa amañada elección y, pese a eso, la votación tuvo lugar en un ambiente inaccesible y, a escondidas, el usurpador resultó electo con 50 votos.
Mientras eso sucedía a puerta cerrada, en la calle, a plena luz del día, ante cientos de manifestantes, los cuerpos electorales legítimamente electos emitieron su voto. Fueron 80 votos a favor del doctor Rodolfo Chang, decano de Veterinaria, con los que fue electo rector; hecho registrado en acta pública.
Evidentemente, ninguna de las dos elecciones es válida. La primera por ilícita; la segunda por simbólica, aunque representativa de la legalidad que demanda la mayoría.
El Estado no puede ser simple observador. Debe intervenir la universidad nacional, nombrar un interventor para que en 6 meses ponga orden y la academia vuelva a imperar.