La antorcha
¿Arévalo al margen de los socialistas?
Guatemala puede desarrollar a lo interno, de una manera creativa, su inserción en las nuevas corrientes de derechas políticas que sean ilustradas e innovadoras.
El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, militante desde joven del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), maniobró con astucia, luego de las elecciones del 2023, en las que no obtuvo la mayoría electoral, al lograr integrar su gobierno gracias a los acuerdos políticos, sui generis, con los partidos minoritarios de Cataluña. Estos partidos inclinaron finalmente la balanza a su favor. Es sabido que los líderes independentistas de esta región fueron sancionados en su momento en las distintas instancias jurídicas de España.
Quizá sea el síndrome de un limbo ideológico.
Pedro Sánchez sumaba a este tercer y debilitado mandato la responsabilidad de presidir la languideciente Internacional Socialista (IS), una agrupación de partidos políticos de izquierda, con sus diversos y variados matices, que incluyen a los socialdemócratas, con los que se identifica ideológicamente el actual presidente de la República, Bernardo Arévalo.
Por cierto, Antonio Gutérres, secretario general de la cada vez más irrelevante Organización de las Naciones Unidas (ONU), fue también en su oportunidad presidente de la Internacional Socialista.
Pedro Sánchez, en su calidad de jefe de gobierno, miembro del PSOE y presidente de la IS, ha estado elevando su perfil, cuestionando los cambios que se están dando en el orden internacional y tomando ciertas iniciativas, dentro de las cuales ha convocado en Barcelona, capital de Cataluña, a mandatarios latinoamericanos que comparten en términos generales las concepciones ideológicas socialistas. Esta iniciativa se está dando en un contexto adverso, en que cada vez son menos los países latinoamericanos gobernados por socialistas, ante los fracasos electorales continuos en el marco de sistemas democráticos.
Los primeros en ser recibidos en Barcelona fueron Luiz Inácio Lula da Silva, miembro del partido de los Trabajadores (PT), presidente del Brasil, y Claudia Sheinbaum, miembro del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), presidenta de México. Ambos mandatarios ciertamente representan a los países de mayor escala territorial, poblacional y económica de América Latina. Se suman a esta convocatoria el mandatario de Colombia, Gustavo Petro, miembro en su momento de un grupo insurgente, quien lidera el movimiento político radical Pacto Histórico, en cierta forma llenando el vacío vociferante en la región de la época de Hugo Chávez. Y el otro mandatario latinoamericano, Yamandú Orsi, presidente del Uruguay, de un perfil de izquierda moderada y menos estridente.
En su caso, el presidente Bernardo Arévalo, quien participó electo en el foro izquierdista del Grupo de Puebla en septiembre del 2023, como presidente en abril del 2025 en la cumbre de la Celac en Honduras bajo la dirección socialista de la presidenta hondureña, Xiomara Castro, y no dejó de ir en marzo del 2025 a la toma de posesión del izquierdista Yamandú Orsi en el Uruguay, sin dejar de mencionar la subordinación política al gobierno de México, ha quedado como mandatario, por alguna razón, que no es pública, al margen de la cumbre socialista de Barcelona. Quizá sea el síndrome de un limbo ideológico.
Los foros izquierdistas latinoamericanos, influidos o bien dirigidos en su momento por la Venezuela chavista y la Cuba castrista, ahora muy disminuidos, reciben del gobierno español una oxigenación que no parece suficiente para devolverles la vitalidad y la energía que desplegaron en el pasado.
Guatemala puede desarrollar a lo interno, de una manera creativa, su inserción en las nuevas corrientes de derechas políticas que sean ilustradas e innovadoras, al mismo tiempo populares, y ser parte articuladora de los movimientos políticos regionales alternativos al socialismo engañoso, decadente e ineficiente.