Conciencia

Presupuesto, sin rumbo ni desarrollo

Un estudio reciente del CIEN señala que el presupuesto 2025 aumentó, pero no en beneficio de los ciudadanos.

El presupuesto público dejó de ser un instrumento de desarrollo. En 2025, cerca del 90% del gasto ya estaba comprometido desde el inicio, una característica estructural del diseño del sistema. En ese contexto, prevaleció el funcionamiento sobre la inversión y el presupuesto terminó como un mecanismo de asignación atomizada de recursos.

El presupuesto ascendió a Q154 mil 836.6 millones, cerca del 14.5% del PIB. Es el segundo más alto desde el 2004, solo superado en el 2020 por la pandemia de covid-19. Y, aun así, no logró traducirse en mejores resultados. Al contrario, alrededor del 77% se destinó a funcionamiento y apenas un 23% a inversión. El déficit superó los Q17 mil 790 millones (1.9% del PIB) y la deuda pública se acercó al 26.8% del PIB. Preocupa el incremento del uso de crédito interno y externo para financiar gasto de funcionamiento, que en el 2025 alcanzó un 12.2%, nivel solo observado durante los años excepcionales de la pandemia. Esta práctica vulnera la regla de oro de las finanzas públicas de no cubrir gasto corriente con deuda.

Se ejecuta el gasto público, pero no en proyectos importantes para los guatemaltecos.

Durante 2025, el presupuesto se modificó de forma recurrente —ampliaciones y transferencias— sin una lógica integral. Muchas decisiones respondieron a presiones coyunturales. A ello se sumó la incertidumbre institucional: la intervención de la Corte de Constitucionalidad interrumpió el proceso, evidenciando debilidades en su formulación y aprobación.

En ejecución, las brechas fueron evidentes. Ministerios claves para el desarrollo, como Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda (CIV), mostraron una ejecución deficiente de la inversión, afectando obras estratégicas. En Salud y Educación, si bien el gasto se ejecutó en rubros de funcionamiento, persisten desafíos para traducir esos recursos en mejoras de resultados: calidad y cobertura de servicios. Mientras tanto, el gasto de funcionamiento sí se ejecutó. Allí no hubo rezagos. Aun así, varias asignaciones vinculadas a resultados estratégicos e institucionales no alcanzaron sus metas, tanto del Plan de Gobierno como del propio Presupuesto. En varios casos, el cumplimiento es bajo, evidenciando una profunda desconexión entre gasto y resultados.

También vale la pena observar qué ocurrió con la nómina pública. El estudio del Cien muestra que durante 2025 aumentaron las remuneraciones, particularmente en ministerios como Educación, Salud, Gobernación y Defensa. Los servicios personales concentraron una parte significativa del gasto, con montos elevados en personal permanente, complementos y escalafones. Esto profundiza la rigidez presupuestaria ya que cuando aumenta la nómina, se comprometen recursos hacia adelante y se reduce el margen para invertir.

Preocupa especialmente el protagonismo de los Consejos Departamentales de Desarrollo (Codedes). Concentraron más de Q12 mil millones y fueron ampliados durante el año. Sin embargo, lejos de responder a una estrategia de desarrollo, muchos proyectos no cuentan con evaluación técnica, no están alineados con políticas sectoriales, varios aún no se han diseñado, y ni siquiera existe verificación de las obras.

Por lo tanto, se distribuyen recursos, pero no se construye desarrollo. No se asigna con base en planificación ni se priorizan resultados.

Recuperar el presupuesto como herramienta de desarrollo es impostergable. En el corto plazo, se requiere ordenar la asignación del gasto, contener el crecimiento del funcionamiento y exigir evaluación y seguimiento efectivo de proyectos. En el mediano y largo plazos, el país necesita una reforma que reduzca la rigidez presupuestaria, vincule el gasto a resultados y garantice que la inversión responda a prioridades nacionales.

De lo contrario, el presupuesto seguirá creciendo sin generar bienestar. Y eso, en Guatemala, ya no debiera ser aceptable.

ESCRITO POR:

María del Carmen Aceña

Ingeniera en Sistemas, con maestría en Administración de Empresas de INCAE. Vicepresidente del Centro de Investigaciones Económicas (Cien). Exministra de Educación. Amante de la vida y de Guatemala