Registro akásico
El subsidio como fatiga cognitiva
No hay debate sobre la manera de superar la crisis del transporte en el país.
Y si la guerra no termina. El petróleo subirá y subirá de precio, nadie cederá y se generará un estado de desorden en el Oriente Medio, impidiendo su normal suministro; además, faltarán fertilizantes y otros minerales. Venezuela puede paliar la disminución, pero seguramente no variarán los precios. Se necesita una idea sobre la energía que se aplicará al transporte.
Un transporte peligroso se asume por la población ante la ceguera de una política pública idónea.
Toda propuesta tiene su contraria. Algunos lo harán con sinceridad, basados en sus concepciones; otros lo hacen porque ya tienen empresas que pueden beneficiarse por cambios en el abastecimiento. El punto es tener diferentes opciones para producir una decisión democrática. La mayoría se puede equivocar, pero la responsabilidad para arreglar las situaciones indeseables sobrevenidas convocará a todos. Por ello, se necesita prestar atención a diferentes soluciones y no ocultarlas ni cancelar a proponentes. Y decidir.
1) El país es dependiente de los motores de combustión interna. Una posición es pasar a los motores eléctricos o de hidrógeno. En gran medida no se cambia la idea de transporte por carretera. Tranvías, furgones, automóviles con base de motor eléctrico, ya existen en el mercado. Una municipalidad ya los utiliza en el transporte colectivo. Solo es facilitar su compra por particulares y municipios. Los de hidrógeno todavía están en diseño. Hasta puede haber algún tradicionalista que puede señalar volver a los animales de tiro. De hecho, los fieles de una religión, los utilizan actualmente.
2) Modificar el sistema vial. Instalar teleféricos es una posibilidad. De hecho, en Sololá existen varias municipalidades solicitándolo para transporte en la cuenca del lago. En la capital se está construyendo uno. El ferrocarril fue abandonado y está en ruinas. Debería instalarse uno nuevo, lo que supone una gran inversión. Por el contrario, utilizar teleféricos, es decir pequeños transportes en rieles, por el tamaño hace más barata, la instalación. Por esa razón, permite construir pasos sobre nivel para no molestar a otras formas de circulación.
3) El transporte fluvial es impracticable, podría haber aéreo autosustentado, con motores eléctricos de aire comprimido y hélice. Parece ciencia ficción de los años treinta del siglo pasado. Es una posibilidad imaginativa, tal vez impulsaría utilizar sombreritos con alas, como Flash Gordon. Apartemos toda broma; se necesita un debate serio y asumir un curso de acción. Nunca se llegará a una conclusión única, a pesar de la urgencia de decisiones en el campo del transporte de personas y bienes.
Lo que no es justificable es tener una carretera transitable en zigzag hacia la frontera de México. Urge apartar el problema jurídico para terminarla. Tampoco no avanzar en el proyecto de carretera privada en la Costa Sur. Si los millonarios de la Costa Sur no quieren poner dinero, se otorgue un préstamo para agilizar la inversión. Hasta inversores extranjeros se pueden invitar.
Sin ninguna opción general con apoyo estatal, la ciudadanía se ve empujada a las motocicletas, en la ciudad y el campo. Los trabajadores, hombres y mujeres, necesitan desplazarse a sus trabajos. Quitan los espejos para pasar en medio de las filas de autos; menos visión supone más choques. Las familias llevan a los niños en un sándwich. Los accidentes crecen en progresión geométrica. Ahora son ocho muertos y 30 lesionados diarios; saturan el hospital de accidentes del IGSS y los nacionales. Hombres y mujeres jóvenes con lesiones de por vida. Mientras tanto, la improvisación dicta legislar un subsidio impensado, como si en la vida se puede vivir de regalado.