Estado, empresa y sociedad
A 20 meses
Se siente frustración por la falta de resultados.
Después que la asamblea de gobernadores de los países propietarios, regionales y extrarregionales, del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) me eligiera Presidente Ejecutivo, en varias oportunidades visité a los presidentes de los países centroamericanos y varios coincidían en que Guatemala era posiblemente el país más difícil y complejo de gobernar de la región. Eso fue hace poco más de 25 años y las vicisitudes políticas, económicas, sociales y ambientales que hemos experimentado durante el primer cuarto de este siglo confirman que gobernar Guatemala es de lo más complicado, a pesar de ser la economía más grande y de mayor población.
Han transcurrido 28 meses desde que asumió el gobierno del presidente Arévalo, el último de una serie de gobiernos que, en vaivén, de uno a otro espectro político, en un continuado movimiento pendular, han venido sucediéndose durante la era democrática iniciada con la Constitución Política de 1985. De los 48 meses de mandato gubernamental solo quedan 20 meses antes que traspase la banda presidencial.
En un ambiente que le ha sido hostil desde antes de tomar posesión, el actual gobierno ha sobrevivido pero la percepción pública, tanto medida por encuestas como por entrevistas a líderes de opinión, lamentablemente ha tendido a la baja. En este orden, valioso y esclarecedor es el estudio cualitativo que longitudinalmente, cada trimestre desde abril de 2024 hasta abril pasado ha realizado Diestra (Destreza Estratégica), entrevistando a más de 150 líderes de opinión.
En un ambiente que le ha sido hostil desde antes de tomar posesión, el actual gobierno ha sobrevivido.
Mientras en la primera medición, el 52% pensaba que era temprano para evaluar al gobierno, ahora “predomina la idea de que el país no va bien, aunque tampoco atraviesa una crisis profunda”, configurando un “escenario de frustración sostenida, donde el Gobierno pierde el beneficio de la duda sin enfrentar aún un rechazo absoluto.”
Aunque hay una sensación de confianza ética por la integridad personal del presidente, se siente frustración por la falta de resultados, desorientación sobre el rumbo, un progresivo desencanto y creciente vacío de poder, lo que —según el estudio— implicaría que se agotó el margen político del Gobierno, consolidándose un escenario de estancamiento, permitiendo que actores tradicionales defendieran sus espacios de incidencia (políticos, institucionales y fácticos), abriendo el camino al populismo y a candidatos que ofrezcan ejecución, combinando credibilidad con capacidad operativa y buena dirección política.
En un contexto internacional de incertidumbre por las políticas de Estados Unidos y la guerra en Oriente Medio, a nivel nacional los líderes de opinión ven las crisis locales en tres dimensiones: seguridad y violencia; infraestructura, movilidad y costo de la vida; y, tensiones interinstitucionales que alimentan la percepción de inestabilidad y disputas de poder.
Desde una perspectiva diferente, el informe anual de riesgos globales 2026 del Foro Económico Mundial, identifica cinco riesgos relevantes asociados con Guatemala: insuficientes servicios públicos y protecciones sociales (incluyendo educación, infraestructuras y pensiones); interrupciones en las infraestructuras críticas; delitos y actividades ilícitas; polarización social; y, desempleo y falta de oportunidades económicas.
De manera que, aunque la macroeconomía del país sea reconfortante (condición sine qua non, imprescindible para desarrollar todo lo demás), la gobernabilidad política sigue siendo una tarea pendiente que deberá afrontar con éxito el Gobierno durante el último año y medio que le queda y dejar de ser intrascendente.