Rincón de Petul

Razones para no ceder la pluma a la IA

Formas de usar la tecnología sin ser plagiador de fantasmas electrónicos.

Hace unas semanas tuve oportunidad de presenciar un acto de reconocimiento a la distinción académica a estudiantes de una universidad prestigiosa de la ciudad. Al final del programa fue el turno de pasar al podio de una directiva académica de la universidad, quien daría sus palabras a los alumnos distinguidos sentados frente a ella. Mi quijada cayó cuando escuché que las líneas que afirmó como propias, estaban llenas de una redacción que es fácilmente identificable como propia de la inteligencia artificial.


La directiva no iba sola en esto. Progresivamente, las redacciones que son lanzadas al público están sustituyendo la mente por esta nueva forma de presentar textos, donde el timón lo toma una máquina que, de manera inquietante, logra pasar por humana. Sucede en artículos impresos, en videos digitales —como los reels de Instagram o en tiktoks—. E, incluso, pasa más ahora en artículos de opinión como este. Y nosotros mismos, en estas páginas editoriales, no somos ya ajenos a ello.


No critico aquí el uso de herramientas poderosas, como Claude, como ChatGPT, para optimizar el trabajo. Y, en el caso de la redacción de una columna —por ejemplo—, para presentar ideas de manera limpia, amplia y contrastada. Pero eso no es lo mismo, bajo ninguna circunstancia, a abrir la puerta a la sustitución de la pluma propia por un texto ajeno —que ni siquiera es humano— y que luego será firmado con el nombre del autor.

Y una cuestión de honestidad con el lector que emprende la lectura en el entendido de un pacto sagrado: lo que se escribe, es propio.


Sí, es evidente. Se puede ceder la pluma a la inteligencia artificial. Pero aquí planteo algunas razones por las que no vale la pena hacerlo: la primera, porque los textos —por perfectamente planteados y escritos que sean— pierden perspectiva, pierden profundidad. Se llenan de frases-titulares dignas de competir en los Pulitzer, pero vacías de personalidad. En la medida en que esta tendencia progresa, los artículos no hacen más que sumarse a una masa, gris y amorfa, que pierde interés. Y aquí una segunda: en la medida en que se populariza esta tendencia, los patrones artificiales se van conociendo e identificando mejor. El lector ya los identifica y los encuentra fácilmente en una pieza artificial; la credibilidad del autor queda en entredicho.


La buena noticia es que no todo es oscuro en este panorama futurista. Hay formas valiosas de usar la tecnología sin ser un plagiador de fantasmas electrónicos. Claude y ChatGPT son maravillosos compañeros en la producción de piezas. Por ejemplo: la IA hace las veces de un colaborador. En caso de requerirse, se puede empezar por plantearle una idea, y el simple intercambio aclara la mente, amplía horizontes e inspira la escritura propia. En el proceso, además, se le puede consultar la información, conformándose así, como un investigador informado. Finalmente, en el proceso de redacción, el colaborador puede pasar a ser editor, ayudando a recortar donde conviene y reordenar lo que merece. Por último, los textos se le pueden compartir para que sea un primer lector, un primer crítico honesto.


No he dejado de pensar en aquella experiencia en la universidad. Pienso que aquellos jóvenes distinguidos merecían escuchar ese día a la directiva. Como también lo merecen los lectores de contenidos, como esta misma columna de opinión. Lo veo como una cuestión de disciplina, para mantenernos activos en el oficio de la escritura creativa; como una cuestión de credibilidad, pues a veces solo el autor que abusa cree que sus frases suplantadas no serán descubiertas. Y una cuestión de honestidad con el lector que emprende la lectura en el entendido de un pacto sagrado: lo que se escribe, es propio.

ESCRITO POR:

Pedro Pablo Solares

Especialista en migración de guatemaltecos en Estados Unidos. Creador de redes de contacto con comunidades migrantes, asesor para proyectos de aplicación pública y privada. Abogado de formación.

'; $xhtml .= '